Informacion de vinos


Varietales y Genéricos


Los vinos se pueden dividir en varietales, y genéricos o de corte.
Los varietales son los vinos que se elaboran completa o casi completamente a partir de una sola variedad de uva o cepa (deben tener por lo menos un 80 % de la misma variedad). En la etiqueta figura el nombre del cepaje.
Entre los varietales clásicos se destacan entre las cepas tintas: Cabernet Sauvingnon, Malbec, Merlot, Syrah; y entre las cepas blancas: Chardonnay, Chenin, Sauvignon Blanc, Riesling, Torrontés. Si bien en Argentina se elaboran excelentes varietales, adquieren relevancia el Malbec entre los cepajes tintos y el Torrontés entre los cepajes de uvas blancas.
Los genéricos o de corte, en cambio, surgen de una combinación de dos o más variedades de uva, es decir son aquellos logrados a partir de dos o más cepas diferentes. Se los denomina también coupage o ensamble, o directamente vino fino tinto o blanco, como figura en sus etiquetas. El Malbec es una variedad para consumir como vinos varietales y bivarietales, siendo un buen compañero para cortes con Cabernet Sauvignon, Merlot, Bonarda y Syrah.
Los vinos "bivarietales" han adquirido mucho desarrollo en los últimos años; siendo vinos de corte, elaborados por dos tipos de uvas que lo caracterizan y le dan aportes únicos, como los clásicos Cabernet Sauvignon-Malbec, Cabernet Sauvignon-Melot, Merlot-Malbec, Syrah-Malbec.
Hay cepas que aportan más color, otras más estructura. En el caso de los tintos está relacionado con la cantidad de tanino, y en el caso de los blancos en relación a la acidez, permitiendo de esta manera que el vino se torne más complejo.
Tanto los vinos varietales como genéricos o de corte son denominados jóvenes si son para consumirse dentro del período de un año, y de crianza o guarda si son elaborados para consumirlos a más largo plazo.

Cepas


Entre las cepas blancas importantes podemos mencionar el Chardonnay, Chenin, Sauvignon Blanc, Semillón, Riesling, Moscatel, Traminer, Torrontés, Ugni Blanc, Pedro Ximénez, Gewürztraminer, Viognier, Gamay y Tocai Friulano.
Entre las cepas tintas, las más características son el Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec o Malbeck, Pinot Noir, Syrah, Lambusco, Sangiovese, Petit Verdot, Tannat, Tempranilla, Barbera y Bonarda.
Los principales productores del mundo son: Argentina, Alemania, Chile, España, Estados Unidos, Hungría, Francia, Italia, Portugal, Sudáfrica y Uruguay.
Y los principales consumidores son: Brasil, Canadá, Gran Bretaña, Holanda, Japón y México.

Cepas Tintas

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Cabernet Sauvignon: Es considerada la reina de las cepas tintas, y es de origen francés.
Cuando las uvas maduraron bien y al tiempo adecuado, este cepaje tinto puede permanecer largos años en la apreciada botella que lo guarda.
Se destaca su producción en los viñedos del Médoc y Graves en Burdeos (Europa), en las soleadas colinas de Napa Valley en California (Norteamérica), en el apreciado Valle del Maipo de los Andes (Sudamérica) y en las frescas laderas de Coonawarra (Australia).
Merlot: De origen francés, otorga cuerpo y aspecto frutado a los vinos cultivados, siendo una de las principales variedades mundiales para elaborar vinos tintos. Ha formado además interesantes cortes de varietales, originando grandes vinos.
Malbec: Es una cepa de origen francés muy extendida, y propia de la vitinicultura tinta argentina. Ha logrado importantes premios internacionales, y expertos afirman que posee mayor calidad en esta región que en la originaria.
Pinot Noir: Es una cepa de origen francés, siendo una de las variedades más selectas para elaborar vinos varietales mundiales. Si bien en el país son escasas sus plantaciones, éstas son de excepcional calidad.
Syrah: Se supone que su origen proviene de persia, y que los cruzados la llevaron al territorio francés. Es muy utilizada en nuestro país con excelentes resultados.
Sangiovese: De origen italiano, y conocida en la antigüedad por los romanos, subsiste en la actualidad en una multitud de subvariedades.
Se ha desarrollado satisfactoriamente en el país considerándola una cepa con la que se pueden elaborar vinos finos de buena graduación alcohólica, con notable equilibrio entre azúcar y acidez.
Tempranilla: Es una variedad tinta muy desarrollada en la península ibérica por los grandes viñedos españoles, su denominación señala las características de una maduración temprana, siendo privilegiada porque mejora notablemente los cortes en los que interviene. En el país se la cultiva ampliamente en la zona de cuyo. Originalmente utilizada para coupages o ensambles, actualmente es empleada en vinos varietales y es una variedad muy interesante como alternativa para el futuro.
Bonarda: Cepa clásica de la península itálica que se ha extendido en la región argentina. Como varietal a veces se la corta con un mínimo de Cabernet Sauvignon o de Malbec.
Petit Verdot: Cepa muy antigua cultivada en el territorio francés antes que la emblemática Cabernet Sauvignon, que posee un lugar de interés en la combinación de vinos tintos aportando en los vinos de corte intensidad de color, riqueza aromática y de taninos, junto a un interesante suplemento de alcohol, que ayuda sin duda a presentar estabilidad en los vinos durante su envejecimiento en la botella.
Greco Nero: Cepa muy antigua que proviene de la parte meridional de la península itálica, su nombre posiblemente indique su origen mediante el ingreso por parte de los colonizadores griegos que en el siglo VII y VI antes de la era cristiana fundaron la denominada Magna Grecia.
Esta variedad posee una resistencia notable a las enfermedades criptogámicas y a las adversidades climáticas, y se adapta fácilmente a los climas templados – cálidos. Por tal motivo se ha arraigado firmemente en la región cuyana de nuestro país, más específicamente en la provincia de San Juan.

Cepas Blancas

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Chardonnay: De origen francés, es considerada la variedad indicada para elaborar los más finos vinos varietales blancos. Es considerada la reina de las cepas blancas, siendo también utilizada como base para algunos vinos blancos genéricos o de corte, y para champañas de excelente calidad. Es una variedad fácil de cultivar, y muy resistente.
Chenin: También denominada Chenin Blanc, es de origen francés, y logra tanto en la región de cuyo como del noroeste de la Argentina muy buena calidad, con singular cuerpo. Es utilizada también como base para lograr excelentes espumosos o champañas, y se obtienen a partir de esta cepa vinos secos, semi secos y dulces de calidad destacada. Necesita abundante sol para madurar bien.
Sauvignon: También denominada Sauvignon Blanc, luego de la Chardonnay es la variedad más fina entre las cepas blancas de origen francés. En el país, sobre todo en la región de cuyo, no ha perdido en absoluto las virtudes francesas obteniéndose de esta variedad excelentes y delicados vinos blancos secos; mundialmente puede utilizársela sola o combinada con otra importante variedad como el Semillón.
Semillón: Este cepaje otorga características destacadas para obtener vinos dulces o para vinos secos de largo envejecimiento. En la Argentina ha logrado auge especialmente en la zona patagónica andina. Este cepaje puede utilizárselo solo o combinado con otra destacada variedad, el Sauvignon Blanc.
Torrontés: Es origen español, y se la produce en Argentina adquiriendo su excelencia en la región del noroeste. Ha logrado importantes premios internacionales con su particular sabor; siendo la variedad blanca típica que representa al país internacionalmente.
Pedro Ximenéz: Proviene de la región ibérica, donde los españoles la utilizan para elaborar jerez. Se ha extendido intensamente por el terruño argentino siendo ampliamente cultivada.
Tocai Friulano: Se disputa su origen entre las zonas húngaras e itálicas, y se ha difundido en la región local de cuyo. Por lo general se lo encuentra en blancos de corte acompañando al Semillón, Chardonnay o Riesling.
Ugni Blanc: Originaria del centro de la península itálica donde se la denomina Trebbiano. Posee un rendimiento generoso y en el país se la aplica a varios cortes de vinos blancos y en el vino base de los champagnes.
Riesling: Originario de los climas fríos europeos, pertenece a un noble cepaje del norte de la frontera alemana. Ha respondido bien a su cultivo en climas más cálidos, como en el continente australiano, y también ha evolucionado en nuestro país perfectamente.
Se destaca por su excelente aptitud para el envejecimiento y se ha expandido notablemente por el mundo.
Gewürztraminer o Traminer: Recibe su denominación de la villa Tramin o Termeno, situada en el alto valle del Tirol italiano. El nombre Gewürztraminer se generalizó cuando en la región de Alsacia se reglamento su utilización. En variadas regiones se continúa denominando simplemente Traminer aunque sea el mismo cepaje.
Localmente se difunde tanto en la región de cuyo como en la patagónica, obteniéndose en ambos lugares muy buenos resultados.

Descripciones


Principales Descripciones de los Vinos

Blancos
Tintos
Color
Incoloro
Pálido
Medio
Intenso
Profundo
Tonalidad
Amarillo
Amarillo Pajizo
Dorado
Oro
Ámbar
Ocre
Púrpura
Guinda
Granate
Rubí
Teja
Castaño Rojizo
Caoba
Aroma
Floral
Linalol - Geranio - Violeta - Jazmín - Azahar - Rosa.
Frutal
Cítrico (Limón, Pomelo, Naranja)
Carozo (Durazno, Damasco)
Pepita (Manzana, Pera, Uva)
Seca (Almendra, Avellana, Nuez)
Varios (Ananá, Melón, Plátano, Mango)
Vegetal
Fresco (Eucalipto, Menta, Pasto Cortado, Hierbas)
Seco (Té, Tabaco)
Especias
Orégano
Madera
Fenólico (Vainilla)
Resinoso (Cedro, Roble)
Tostado (Ahumado)
Caramelizado
Manteca - Miel
Microbiológico
Levadura - Láctico
Floral
Violeta - Rosa
Frutal
Bayas (Cassis, Grosella, Frutilla, Zarzamora)
Carozo (Ciruela, Cereza, Guinda)
Seca (Almendra, Avellana, Higo, Nuez)
Vegetal
Fresco (Aceituna, Calahorra, Eucalipto, Menta)
Seco (Té, Tabaco).
Especias
Canela - Clavo de Olor - Pimienta
Madera
Fenólico (Vainilla)
Resinoso (Cedro, Roble)
Tostado (Ahumado, Café)
Caramelizado
Chocolate - Melaza
Microbiológico
Levadura - Láctico
Sabor
Dulzor: Seco - Semiseco - Dulce o Abocado
Acidez: Falto Acidez - Refrescante - Acido
Amargor: Sin Amargor - Leve - Medio - Notorio
Cuerpo: Ligero - Medio - Completo - Pesado
external image subir2.gifDescripciones Aromáticas - Varietales Blancos
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Chardonnay
Chenin
Sauvignon Blanc
Semillon
Torrontés

Jazmín


Jazmín




Rosa


Geranio


Limón




Pomelo
Pomelo
Pomelo Rosado
Pomelo Rosado





Cascara Naranja
Durazno
Durazno




Damasco



Manzana
Manzana Verde







Uva Moscatel
Pera




Ananá
Ananá
Ananá


Melón




Plátano





Mango
Mango


Nuez
Nuez


Nuez Moscada

Pasto Cortado
Pasto Cortado





Hierbas

Vainilla




Manteca





Miel
Miel
Miel
Miel




Orégano
Ahumado

Ahumado
Ahumado

external image subir2.gifDescripciones Aromáticas - Varietales Tintos
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Bonarda
Cabernet Sauvignon
Malbec
Merlot
Syrah
Tempranillo
Pinot Noir






Violeta



Rosa


Rosa

Cassis








Frutilla

Frutilla
Frutilla Fresa




Frambuesa

Frambuesa



Mora







Zarzamora


Grosella


Grosella
Grosella


Ciruela

Ciruela




Cereza




Cereza
Cereza


Guinda
Guinda








Almendra






Avellana






Higo






Nuez


Tabaco





Pimienta
Pimienta Negra
Pimiento Rojo
Pimiento Verde

Pimiento
Dulce

Pimienta


Pimienta
Pimienta Suave




Clavo


Clavo
Clavo
Clavo

Canela


Canela
Canela
Canela



Vainilla





Cedro






Ahumado

Ahumado





Café





Chocolate
Chocolate









Melaza



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Espumosos


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El conocido internacionalmente como Champagne, es un vino espumante que se origina y produce en la región septentrional de Francia del mismo nombre (que significa campiña), donde se destacan dos ciudades francesas productoras de esa región: Reims y Epernay. Solo los productos elaborados en esta región pueden denominarse champagne, con cepajes cultivados estrictamente dentro de la zona delimitada, y efectuando el tradicional método champenoise de fermentación en botella.
Todos los demás vinos espumantes producidos en otros lugares del mundo han adquirido esa denominación para identificar a la apreciada bebida.
En la misma Francia, fuera de los limites de la región mencionada se elaboran los mousseux que significa espumosos o espumantes, en España se denominan cavas, en Inglaterra y Estados Unidos sparkling wines, en Alemania sekt, y en otros países directamente espumantes.
El tradicional Champagne se elabora a partir de tres cepas la Pinot Noir, la Pinot Meuniere y la Chardonnay, donde las dos primeras son variedades tintas que se vinifican en blanco retirando rápidamente el hollejo de las uvas para evitar la coloración. La última cepa es considerada la reina de las blancas, y también puede elaborarse la bebida directamente con variedades blancas o en su totalidad con la emblemática Chardonnay.
En Argentina se utiliza la cepa Chardonnay cortada con Ugni Blanc, Chenin, Semillón o Riesling, y hasta Torrontes para los denominados "Blanc de Blancs". También se utiliza Chardonnay con Pinot Noir que se denominan "Blanc de Noirs". Cuando posee mayor proporción de uvas tintas que de blancas o se elabora en su totalidad con Pinot Noir se denomina "Rosé".
En Argentina como en casi todo el mundo se utiliza en método tradicional "Champenoise" que exige dos fermentaciones, la primera es de unos doce días y se realiza en tanques de acero, la segunda se produce en la botella, la misma que llegará a la mano del consumidor. Es esta fermentación la que produce por la temperatura y la presión el nacimiento de las burbujas, que puede variar de nueve meses en adelante según los productores. Luego pasan las botellas a unos muebles de madera donde se las coloca con una inclinación que mantienen los cuellos de éstas hacia abajo. Luego son movidas desde la base un octavo de vuelta durante aproximadamente seis semanas a cuatro meses; de esta manera, los sedimentos o impurezas no se adhieren a las paredes de la botella y se van alojando en el orificio de un corcho provisorio.
Al terminar la segunda fermentación, se produce lo que se llama el degüelle de la botella (degorgement), operación que actualmente se efectúa congelando el cuello de la misma. Esto permite concentrar mejor los sedimentos o impurezas, que son expulsados con la forma de una masa sólida. Luego se repone el mismo vino base y el denominado licor de expedición o de tiraje, compuesto por champañas añejadas, levaduras, azúcar cande y coñac. Según la proporción o dosaje (dosage) que se agregue como licor de expedición o de tiraje al vino espumoso, antes del encorchado final, se obtendrá la clase de champaña (champagne) denominada “Nature” (sin azucar), “Extra Brut” (seco con poco dosaje de azúcar, menos de 5 gramos por litro), “Brut” (seco, entre 5 gramos y 15 gramos de azúcar por litro), “Sec” (seco o apenas dulce), “Demi Sec” (semi seco o semi dulce, porque es un espumoso tirando a dulce, entre 20 gramos a 45 gramos de azúcar por litro), o “Doux” (dulce).
Las cuatro primeras clases enunciadas, que son las mas secas, son los ideales para acompañar comidas, y las dos últimas son preferibles para brindis y acompañar masas y postres variados. La clase “Brut Nature” (libre de todo dosaje) es una categoría novedosa para peculiares champañas.
La levadura es un microorganismo responsable de la fermentación alcohólica, que transforma el azúcar en alcohol y en gas carbónico, esto último crea la presión.
Finalmente luego del degüelle de la botella y agregado del licor de expedición se realiza el encorchado definitivo, con corchos de suma calidad rodeados de alambre, para evitar desencorchados espontáneos.
Los vinos elaborados fuera de la Champagne poseen diversas categorías y formas de producción; pudiéndose clasificar dos sistemas importantes en la elaboración de espumosos según el método: tradicional o champenoise (champagne - cavas - espumantes); y espumosos fermentados en grandes recipientes y cierre hermético de acero inoxidable sistema charmat (granvás), cuya elaboración de un mes aproximadamente es, sin duda, más corta que el sistema tradicional o champanoise.
Actualmente el champagne se ha convertido en una D.O.C. (Denominaciòn de Origen) que distingue el producto francés de otros espumantes naturales, elaborandose en Francia en cinco áreas bien delimitadas: Marne, L´Aub, L´Aisne, Haut Marne y Siene Marne, donde se supervisa que la producción se efectúe sólo a partir de uvas de las variedades Chardonnay (cepa blanca), y Pinot Noir o Pinot Meunier (cepas tintas).
Sea con vino o champagne en casi todos los idiomas del mundo existe una simple expresión para acompañar el acto de levantar una copa: Salud!, Prost!, Salut!, Cheers!, A Votre Santé!, Serefe!, Zdarovia!, indicando la hospitalidad y unión en un momento lleno de tradición.

Sugerencias
Para percibir con plenitud los aromas y sabores del champagne, al beberlo se debe tener la botella a una temperatura entre 5° y 8° C (grados centígrados).
Los champagnes y espumosos secos, son ideales para beberlos entre los 8° a 10° C, mientras que los semi dulces o dulces se pueden beber entre los 6° y 7° C.
Tener presente que “frapé” o “glacé” no indica la palabra helado, sino casi helado, indicando una temperatura de 0° y 5° C; y que frío se ubica entre unos aproximadamente 6° a 9° C.
Es ideal llenar la copa flauta o tulipa entre la mitad y las dos terceras partes de la misma, para que los aromas fluyan hasta la nariz con toda su intensidad; es recomendable servir poca cantidad y repetir nuevamente si se desea más, evitando así que se caliente el champagne en las copas.
La copa flauta es la más tradicional utilizada en los vinos espumosos, especialmente el champagne, porque su forma en “V” contribuye a la mejor liberación de las burbujas. El fondo de la copa, al ser angular, favorece el tiraje del gas carbónico, y la calidad del espumante se basa en el comportamiento de las burbujas que parten del centro de la copa hacia el centro de la superficie del líquido. Si se aprecian burbujas gruesas y rápidas que suben a la superficie, se advierten signos de juventud; en el caso que sean pequeñas y finas, se advierte calidad; finalmente, la denominada espuma que se debe acumular en el centro de la copa, demuestra que se está en presencia de un espumante o champagne de calidad suprema.
Las botellas, una vez abiertas, para conservar el frío deben colocarse en baldes llenos con cubitos y en lo posible que queden cubiertas hasta sus hombros (angostamiento de la botella), evitando así que la primer copa que se sirva este templada en exceso.
Las botellas antes de abrirse es recomendable que permanezcan en un sitio fresco, oscuro y tranquilo, alejado de olores intensos y con poca variación de temperatura; en lo posible en las mismas condiciones en que se encontraba durante su proceso de fermentación.

Degustación


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Los vinos blancos es ideal servirlos a una temperatura de 6° a 8° C (grados centígrados), tratando de mantenerlos, en lo posible, en un balde con cubitos mientras se lo bebe, llenando dos tercios de su capacidad para que la botella quede cubierta hasta sus hombros. Los vinos blancos, antes de servirlos deben ser enfriados paulatinamente evitando colocarlos en al congelador o freezer.
Por lo general los vinos blancos secos se recomienda beberlos entre 8° y 10° C; y los blancos semidulces o dulces aproximadamente de 6° a 8° C.
Los vinos rosados es ideal servirlos a una temperatura de 9° a 10° C, si poseen demasiado extracto se pueden servir aproximadamente entre los 11° y 12° C.
Los vinos tintos deben servirse a temperatura ambiente, aproximadamente entre 17° y 20° C (idealmente entre 16° y 18° C).
Por los general los vinos tintos de consumo anual se pueden beber de 12° a 14° C, los tintos de segundo año sin crianza en madera de 13° a 15° C aproximadamente, los tintos con crianza ligera de 15° a 17° C, y los tintos de larga guarda de 17° a 19° C.
Es recomendable destapar los vinos tintos aproximadamente unos treinta minutos antes de servirlos, porque en ese período al contacto con el oxígeno van liberando los aromas hasta lograr su plenitud.
Tener presente que “fresco” o “temperatura de bodega” indica de 11° a 14° C, y que “chambre”, más que temperatura ambiente, indica un intervalo entre los 16° y 18° C.
Para degustar un vino se aconseja descorchar y esperar unos minutos antes de beberlo para que el vino respire, verificar que el corcho no este deteriorado ni húmedo, y servirlo en copa adecuada de cristal trasparente para no alterar la temperatura con el calor de la mano. El calor de la copa hace subir la temperatura aproximadamente en dos a tres grados centígrados.
Es interesante conocer que a mayor temperatura se potencia en el vino el alcohol, y los sabores agrios y dulces. A bajas temperaturas, en cambio, el enfriamiento fortalece los rasgos amargos y la astringencia de los taninos; disminuyendo paralelamente el desprendimiento de aromas.

La Cata


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Si bien para la degustación de un buen vino se requiere de entrenamiento, podemos enunciar los siguientes pasos esenciales:
Se vierte el vino hasta llegar algo más de la mitad de la copa de cristal transparente.
Se levanta la copa y se inclina unos cuarenta y cinco grados aproximadamente, para observar a contraluz que no posea partículas en suspensión o turbiedad. (Color - Visualización)
Se bebe un sorbo manteniéndolo en la boca y se aspira aire apreciando como se desprenden de la superficie los aromas. (Aroma)
Se hace girar la copa y agitar el vino de izquierda a derecha para que se liberen aromas escondidos y sutiles, aspirándolos lentamente. (Aroma)
Se desliza el sorbo introducido en la boca hacia delante, donde se encuentran las papilas gustativas dulces de la lengua; luego se dirige hacia la parte media de la lengua, a los costados y debajo, donde se ubican los sabores ácidos; y más atrás para apreciar los amargos; los gustos salados se ubican en los bordes de la lengua. (Sabor)
Según su tipo y su calidad, los sabores y aromas de la degustación perdurarán más o menos tiempo en el paladar y olfato. (Degustación)
Las descripciones aromáticas y gustativas que emanan de una botella de vino dependen de la uva; del suelo; del clima; del sol; del tipo de elaboración, fermentación, conservación y cuidado; y de la evolución final en la botella.
Las sensacions provenientes de la vista, olfato y el gusto sin duda permiten apreciar un vino en toda su plenitud.

Enólogo
Sólida formación científica sobre el proceso complejo de la vinificación, que estudia sobre la conservación y producción de los vinos. La enología es considerada una carrera universitaria, que dura aproximadamente cinco años.

Sommelier
Formación general sobre la cultura del vino, aconsejando sobre el vino a tomar con cada plato en particular. Se realizan cursos que generalmente poseen una duración entre los dos y tres meses.

Conservación


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Las botellas de vino deben estar guardadas en lugares frescos, particularmente oscuros, sin luces fuertes directas y preferiblemente acostadas horizontalmente (a diferencia de los licores y destilados como wiskies, que se conservan en forma vertical); lo ideal es que el vino esté en contacto con el corcho para evitar que el mismo se seque, pierda elasticidad y penetre el aire. Los principales problemas durante la guarda son el calor, los cambios de temperatura, la iluminación, la falta de humedad y el contínuo movimiento o vibración, que mantiene el depósito suspendido en el líquido.
Es un mito difundido pensar que un vino cuanto más viejo es mejor. En realidad cada vino posee su momento de apogeo y luego inicia un proceso de declive, cuya duración varía a la vinculación de diversos factores como se la elaboración y tipo de uva, entre otras.

Temperatura
El calor (más de 25º) hace que el vino evolucione más rápidamente en el interior de la botella, y a temperaturas altas puede lograr dañar el contenido, que no logrará adquirir su maduración justa, sobre todo en los departamentos donde generalmente en invierno poseen calefacción por loza radiante. Las bajas temperaturas (menos de 10º), en cambio, impiden la evolución, la botella puede helarse y en casos extremos hasta quebrarse. La temperatura ideal para guardar los vinos abarca desde 12° C hasta los 15º C, a lo sumo se podría llegar a los 20° C. Para medir la temperatura media y sus variaciones es ideal colocar un termómetro.

Iluminación
La iluminación también puede perjudicar el contenido de la botella de vino, es esencial que la bodega este a oscuras pues la luz también acelera el proceso de oxidación. Se debe evitar la exposición de los rayos solares ultravioletas, luces halógenas y fluorescentes. Si se coloca alguna luz, es conveniente que sea débil (aproximadamente 25 watts).

Humedad
La humedad ideal que debería tener, en lo posible, una bodega hogareña, oscila aproximadamente entre el 55 % y el 75%, y para medirla es recomendable poseer un higrómetro. Es bueno saber que la falta de humedad posibilita que el agua del vino se evapore del corcho, y éste al secarse pierde elasticidad, pudiéndose encoger o producirse grietas, lo que deja espacio para que se introduzca el aire que penetra y termina oxidando el vino. Por el contrario, demasiada humedad no solo puede estropear las etiquetas de los vinos, sino que el corcho puede enmohecerse y por ende pudrirse, estropeando el contenido de la botella y transmitiendo olores desagradables.
Para los más exigentes consumidores se pueden adquirir las denominadas cámaras de vino, que poseen un control de temperatura y humedad manteniendo las botellas guardadas en su interior en condiciones óptimas.

Lugares no Deseables
Es importante considerar que en la cocina factores como el calor del horno, la loza radiante en invierno, y la alta iluminación (especialmente lámparas fluorescentes o halógenas), puede perjudicar la evolución del vino. Las bauleras de los edificios generalmente no poseen ventilación, son lugares sumamente secos, y pueden tener almacenados productos que alteren el estado del vino. Las cocheras tampoco son el lugar ideal, pues el humo que expelen los autos por el caño de escape anulan a la larga la guarda del vino.
Se debe evitar guardar el vino junto a otros productos aromáticos como quesos, vinagres, frutas y ciertas legumbres, y desde ya no puede estar cerca de productos químicos.

Recomendaciones
A continuación, como ejemplo práctico, se enuncian una serie de medidas para encarar la organización de una bodega hogareña.
Lo ideal es poder utilizar un lugar apacible y oscuro como ser un sótano, típico en las casas, que esté totalmente limpio con sus paredes pintadas de cal por su capacidad desinfectante y fungicida, sobre todo si el ambiente es húmedo; en lo posible es conveniente asilar térmicamente la bodega evitando cambios violentos de temperatura en el interior de la misma. Una buena circulación de aire evita el desarrollo de hongos y aromas de encierro.
El corcho natural es ideal como material aislante para utilizar en el verano; se debe evitar la utilización de barnices y encolados; también puede utilizarse un equipo de aire acondicionado sumamente silencioso que mantenga la temperatura constante y en los valores aceptables dentro de la bodega, distribuyendo el aire en forma pareja en todo el interior. Si se percibe demasiada humedad es conveniente colocar un deshumidificador inodoro, que actualmente traen incorporado como función los equipos avanzados de aire acondicionado. En el caso contrario, si se percibe muy poca humedad, se puede cubrir el piso con arena en ciertos lugares y rociarle agua.
Si se desean evitar vibraciones se pueden colocar planchas de goma o caucho debajo de la estanterías donde se almacenarán las botellas.
Una vez que las botellas de los vino son abiertas, es recomendable consumir los tintos dentro de los tres días, y los blancos dentro de los dos días. Siempre se debe tapar bien la botella, si es posible con tapones especiales.

Efectos en la salud


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Se ha demostrado que el vino, en dosis moderadas, es beneficioso para la salud. Las estadísticas indican que en países donde se destaca el consumo de vino por habitante, se presenta el porcentaje más bajo de afecciones cardíacas y problemas de hipertensión, se reduce la incidencia de enfermedades o problemas de salud, y por ende se aumenta la longevidad, a diferencia de países con tendencia a ser abstemios o con grandes bebedores.
Es así que se descubrió que los compuestos “fenólicos”, durante la fermentación a través de enzimas, liberan los “flavonoides”, que luego se enriquecen al contacto con la madera. De allí surge un elemento denominado “resveratol”, de gran poder antioxidante, que impide que se formen cuágulos en las arterias.
Además, las células del organismo se van desgastando con el correr de los años, por los compuestos químicos denominados “radicales libres”, generados por medio del mismo oxígeno que todo ser humano necesita para respirar. Por ello el organismo humano genera sus propias defensas, elaborando naturalmente antioxidantes como la vitamina “E” y “C”, que también se obtienen de alimentos vegetales, siendo el vino uno de sus derivados.
En los componentes de la uva se halla el hollejo, pulpa y semillas. Tanto en el hollejo o piel (externa), como en la semillas o pepitas (interna), se encuentran los “polifenoles” que dan al vino los siguientes elementos: taninos (estructura y envejecimiento), pigmentos (color), y aromas primarios. Estos elementos funcionan contra hongos y la escasez de agua en las viñas, y disminuyen el desgaste o daño de las células en relación con el organismo humano.
Tanto el vino blanco como el tinto son recomendables para beber en las comidas, pero el tinto posee un efecto antioxidante mayor que el blanco. Las variedades de mayor a menor capacidad antioxidante dentro de las uvas tintas son Cabernet Sauvignon, Tempranilla, Merlot, Sangiovese y Malbec.
La pulpa de la uva es incolora, por tal motivo al elaborar un vino tinto se deja el hollejo en contacto con el mosto para que logre la pigmentación, por lo que la fermentación con los hollejos brinda una mayor generación de “polifenoles”. La elaboración del vino blanco, en cambio, se efectúa sin hollejos por eso posee colores casi transparentes y pese a que es saludable beberlo en dosis moderadas la capacidad antioxidante y los efectos sobre la disminución del desgaste celular son inferiores al tinto.
El vino, según los estudios realizados sobre todas las bebidas alcohólicas, incrementan el denominado HDL (colesterol bueno) y decrece el LDL (colesterol malo), incrementa la fibrinolisis (proceso por el cual se disuelve lo espeso de la sangre) y decrece la fibrinogenia (sangre espesa), incrementa los niveles de estrógeno y reduce el nivel de insulina en la sangre, incrementa el fluido de la misma y reduce la presión sanguínea beneficiando la salud. Además, estimula la secreción gástrica del estómago, mediante un componente del vino denominado ácido cinámico, que estimula la secreción biliar y acelera la digestión de las grasas en el intestino delgado.
Se puede identificar el consumo moderado de vino con la toma constante de dos a tres copas diarias durante las comidas. En personas robustas puede adicionarse de una a dos copas más. Desde ya que las personas cuyos médicos de cabecera les han aconsejado no beber deben abstenerse de hacerlo.

fuente: http://www.argentinaturistica.com/vinosmundo.htm


Vinos Blancos



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¿Desea usted un vino blanco que sea una bebida refrescante o un néctar (una copa llena de perfumes intensos)? Los precios pueden servir de guía, pero dependen también del sitio en el que se encuentre: una locura en Nueva York puede ser un vino bastante ordinario en Italia.

El vino blanco puede presentar toda la gama de matices: desde extremadamente seco a muy dulce, pero resulta fácil clasificarlo en seis categorías principales.

Los vinos «ligeros y secos», que hay que beber cuando son jóvenes, rara vez se añejan en barrica de roble. Se embotellan sin azúcares residuales y son pobres en extractos (los componentes que dan sustancia, o cuerpo, al vino). Estos vinos deben servirse fríos, solos o para acompañar alguna comida.

Los vinos blancos «secos y amplios» contienen más materia y, aunque se consideren técnicamente secos, poseen la dulzura de los frutos maduros. Son vinos que pueden haber envejecido en barrica y/o en botella. Los vinos blancos más amplios normalmente pueden envejecer en botella.

Los vinos «aromáticos» proceden de determinadas variedades y pueden ser secos o semisecos.

Los vinos «semisecos» se suelen embotellar antes de que la totalidad de los azúcares de la uva se haya transformado en alcohol. Su ligereza y su débil graduación alcohólica los hacen menos aptos para ser consumidos en compañía de platos consistentes.

Los más «dulces» de todos son los vinos intensamente concentrados, que se consumen lentamente porque su materia es compleja.

Algunos vinos se elaboran en diversos estilos: el oloroso jerezano, por ejemplo, puede ser seco o ligeramente abocado.

Un vino puede también diferenciarse de otro por la manera en que ha sido elaborado. Es posible advertir estas diferencias cuando se comparan vinos que han sido fermentados o envejecidos en barricas con aquellos que no lo han sido, El rioja tradicional, tinto o blanco, se cría en barrica, lo que le confiere su característico cuerpo y sus aromas de vainilla. Pero las nuevas tendencias se decantan por no dejar envejecer exageradamente el vino en barrica para preservar su frutalidad.

Aunque los productores den a su vino el nombre de una variedad determinada, el estilo puede variar en función del clima y de los suelos de cada parcela. Un chardonnay del Alto Adigio, en el norte de Italia, será vivo y fresco, con la acidez propia de las uvas maduras de una región fría, mientras que un chardonnay catalán será más amplio y con matices de frutas exóticas.

Muchos factores dependen también de las elecciones hechas por el productor. Así, un riesling de Alsacia será generalmente seco, mientras que los riesling alemanes (salvo los denominados trocken) tienden a ser más bien dulces.




Como leer las tablas



Las tablas que pueden consultarse a continuación constituyen un listado de los vinos más fáciles de encontrar en el mundo agrupados según su estilo. Se empieza por los más ligeros para continuar con los vinos de mayor contenido en azúcares residuales, con más carácter.

El nombre que se ha elegido para figurar en las tablas es por lo general el que se encontrará en las etiquetas: de todas formas es bueno saber que en determinados países el nombre de la región determina el estilo, mientras que otros ponen el acento sobre la variedad.

Las cifras que figuran a la izquierda d cada tabla indican la graduación alcohólica (aunque el contenido en alcohol puede variar ligeramente de un productor a otro y de una cosecha a otra)

Busque el nombre de un vino que le guste: los vinos que figuran al lado pueden tener aromas muy diferentes pero se trata de vinos de estilo parecido.



TABLA DE VINO BLANCOS EUROPEOS


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Vinos Tintos




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La mayoría de los vinos tintos están concebidos para que tengan un sabor seco. Los tintos varían en función de su densidad y de su astringencia. Asimismo su vida tiene una duración muy diferente de la de los vinos blancos: algunos se elaboran para ser bebidos jóvenes —como la mayoría de los vinos blancos—, pero otros pueden envejecer durante decenas de años y mejorar poco a poco. Un vino tinto pensado para envejecer procura poco placer si se bebe joven. Para los consejos sobre la edad en la que conviene beber cada vino, véase «La crianza en botella».

Entre los «rosados», en cambio, hay escasas diferencias: pocos son los que envejecen bien. Se distinguen sobre todo por su mayor o menor dulzor. Algunos, como el rosado de Anjou o el blush californiano, son ligeramente dulces; otros —la mayor parte de los rosados provenzales o españoles— son secos.

Los vinos tintos que pertenecen a la categoría «ligeros, afrutados, no envejecidos» deben beberse jóvenes. Proceden por lo general de variedades como garnacha, gamay, cabemet franc y de otras que producen vinos poco tánicos (los taninos son el elemento esencial en el envejecimiento de los vinos tintos). Los vinos tintos de «cuerno medio» configuran la categoría más numerosa, que incluye una importante cantidad de los vinos de buena calidad y la mayoría de los de calidad media. Algunos pueden envejecer bien y pertenecen a la categoría de «vinos de guarda».

La categoría de «concentrados intensos» agrupa los vinos tánicos de aromas intensos, generalmente muy afrutados (sobre todo en América). La mayoría de estos vinos envejece bien.

Los vinos «de guarda» o para añejar provienen de regiones clásicas o de grandes cosechas de regiones menos conocidas que se han dejado envejecer en botella. Estos vinos se clasifican aparte, porque su sabor, cuando están maduros, es muy distinto.

Los «especiales» de la tabla que puede consultarse en la página siguiente incluyen las excepciones a la regla que dice que la mayor parte de los tintos son secos. Según la tradición mediterránea, estos vinos, elaborados a partir de uvas parcialmente desecadas -con una fuerte graduación de azúcar convertible en alcohol— son intensos y generalmente dulces. En Italia, este estilo de vinificación recibe el nombre de passito o recioto. Los vinos italianos etiquetados bajo el término liquoroso son, en cambio, vinos dulces naturales.




Ciertos vinos son difíciles de situar



¿habría que incluirlos entre los «especiales» o son más bien vinos dulces naturales? Esto depende de la técnica de vinificación pero, en términos de gusto, no hay gran diferencia entre un vino elaborado a partir de uvas secadas al sol, pero no fortificados, y otro elaborado a partir de uvas cosechadas normalmente pero al que se ha agregado aguardiente.

Los vinos tintos pueden pasar de una categoría a otra según las cosechas: un buen año en una región clásica, como por ejemplo Burdeos o Borgoña, hará pasar a numerosos vinos de la categoría normal de «cuerno medio» a la de «llenos de personalidad, intensos».

Las variedades prestigiosas que constituyen la base de los tintos de Burdeos y de Borgoña (cabemet sauvignon y pinot noir) han sido plantadas intensivamente en el nuevo mundo —California, Washington, Oregón, América del Sur, Australia y Nueva Zelanda—, así como en numerosos países de la Europa del Este, a lo largo del Danubio y en los alrededores del mar Negro. Estos vinos suelen ser de estilo corriente, casi siempre con buen cuerno, y pueden rivalizar con los vinos franceses típicos, sobre todo los de grandes productores y de buenas añadas producidos en California, Oregón y Australia. En estas regiones, donde no existe un estilo tradicional, la elección del vino es complicada. El resultado depende del vinificador, que puede cambiar de parecer de un año para otro. Se recomienda en estos casos una lectura detallada de la contraetiqueta, que puede aportar buenas indicaciones.


TABLA DE VINO TINTOS EUROPEOS



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Fuente:http://www.portalplanetasedna.com.ar/vino4.htm
http://www.portalplanetasedna.com.ar/vino3.htm

CLAVES SUMAMENTE BASICAS PARA PROBAR UN VINO
Y DISFRUTARLO BIEN A FONDO


Clave 1
NO SE DISTRAIGA

Interrumpa su conversación, concéntrese realmente en el
vino que está probando. Ese vino trata de comunicarse con
usted usando un lenguaje de colores, aromas y sabores.
Si le presta atención no le resultará difícil desentrañarlo.

Clave 2
MIRE EL COLOR CONTRA UN PAPEL BLANCO

El color de un vino no se aprecia mirando la copa al
contraluz. Obsérvelo desde arriba, inclinando la copa
(hasta donde pueda, sin que se derrame) sobre una
superficie bien blanca: un mantel o una hoja de papel.

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Clave 3
EL VINO NO SE HUELE, SE OLFATEA

Haga girar el vino en la copa para que desprenda
sus efluvios aromáticos. Luego meta
la nariz adentro y detecte esos aromas.

Clave 4
QUE AROMAS PUEDE DETECTAR

Podrá olfatear los siguientes aromas: (1) a vino, (2) a
frutas, flores o especias, (3) a vainillas, chocolate, tabaco, o
frutas secas, el vino ha pasado por buena madera. Y pare de
contar. Cuando el aroma a frutas es pleno, probablemente
estará probando un tinto nuevo.

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Clave 5
CON EL VINO EN LA BOCA, HAGA UN BUEN BUCHE

No se trague el vino derecho viejo como quien bebe
muerto de sed en pleno verano tórrido. Degústelo a pequeños
sorbos, haciendo un buen buche con cada trago. Paladée,
mastique el vino, piénselo en la boca.

Clave 6
TEMPERATURA ADECUADA Y MODAS MANIATICAS

No tome el vino blanco helado, con la copa empañada, como es
manía de los Argentinos. El mucho frío le achata los aromas. En
cuanto a los tintos, algunas variedades, Syrah, por ejemplo, puede
refrescarlas suavemente en los días tórridos.

Clave 7
NO TOME ETIQUETAS SINO VINO

Pruebe el vino a ciegas, sin saber qué marca está degustando.
Será así una prueba imparcial, sin influencia de la publicidad,
las promociones o su fidelidad a determinada marca.
De éste modo, la opinión que sobre él se forme será genuina.


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Elaboracion Casera y/o Artesanal de Vino

1- Lo primero que hay que hacer es moler la UVA ya sea pisándola o con una moledora.
2- Una vez molida hay que volcar el contenido en un tanque metálico que se encuentre abierto en su parte superior. Notaremos que el sólido se va para arriba, dos veces por día hay que empujarlo hacia abajo más o menos hasta llegar a la altura de la mitad del recipiente para que se macere, esto hay que hacerlo durante 7 días.
3- Introducir en el tanque una manguerita que en la punta tenga enganchado un palito como del tamaño de una dedo, de manera que el palito sobresalga del extremos de la manguera. Introducir la manguera con el palito hasta que el palito toque el fondo del recipiente, allí chupamos como si fuésemos a sacar nafta de un tanque de combustible y el liquido irá pasando 1 balde o los que sean necesarios según la cantidad de vino que estemos haciendo.
4- A medida que vamos haciendo esto hay que volcar el contenido de los baldes a damajuanas de 20 o 25 litros de capacidad, tapar las damajuanas con un corcho pero este debe estar agujereado en el medio para que así pueda ser atravesado por un tubito de plástico transparente. Hay que meter el tubito en la damajuana de forma que el extremo que estamos metiendo atraviese el corcho pero que no llegue a tener contacto con el líquido que está dentro de la damajuana. De esta forma irán saliendo los gases que se van produciendo durante la fermentación, el otro extremo del tubito de plástico lo ubico dentro de un vaso con agua, de manera que se meta la puntita dentro del agua. Notaremos que durante la fermentación producirá burbujas. Dejarlo así durante 30 días.
5- Una vez transcurridos los 30 días procedemos a sacar el corcho de la damajuana y con la misma manguera que use en el paso nro 3 pero con un palito en la punta de la misma que tenga esta vez una longitud de 3 dedos en vez de 1 dedo. Volvemos a poner la manguerita hasta que el palito toque el fondo de la damajuana, de esta manera se evita el contacto con la borra. Otra vez chupamos como si fuésemos a extraer nafta de un tanque y el líquido lo iremos pasando a otra damajuana.
6- Ahora en esta segunda escala de damajuanas, repetiremos lo mismo que hicimos en el paso 4. No nos olvidemos que la borra generada en la primera tanda de damajuanas hay que tirarla. Esta segunda tanda de damajuanas también durará unos 30 días.
7- Ahora hay que hacer una 3era tanda de damajuanas repitiendo de igual manera los procedimientos de las dos primeras tandas de damajuanas.
8- Una vez finalizadas las 3 etapas de 30 días cada una en las damajuanas. Vuelco el vino en damajuanas otra vez más pero esta vez la diferencia es que en vez que ponerles un corchito agujereado con un tubito en el medio, tendremos que ponerle un corchito que quede como medio flojito, es decir que no tape completamente, así hay que dejar las damajuanas otros 30 días más.
9- Una vez finalizada esta 4 etapa de 30 días más la etapa inicial de 7 días, le ponemos a cada damajuanas en vez de un corcho en la boca, irá un globito como los que se usan para carnaval, de manera que no entre nada de aire en la damajuana. Así quedara entre 45 a 60 días.
10- Una vez cumplida esta última etapa, retiramos el globito de cada damajuana y recién allí podremos encorchar las damajuanas o pasar el vino que ya está listo a botellas mas chicas para ir embotellándolo. El vino obtenido tendrá una graduación alcohólica de entre 14 y 15 grados.

Por cada 100 kilos de UVA se extraen aproximadamente 65 litros de vino.

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El dilema de comprar vinos: "La relación Precio - Calidad"

Antes de comenzar a analizar esta relación en lo que a vinos se refiere, es importante que definamos el significado de estas dos palabras bajo la óptica de un economista. Según Philip Kotler, el precio es la cantidad de dinero que se cobra por un producto o servicio, o suma de los valores que el consumidor intercambia por el beneficio de tener o usar el producto o servicio; la calidad es la capacidad de un producto para desempeñar sus funciones, incluye durabilidad total, confiabilidad y otros atributos parecidos.

Como consumidores de vino, muchas veces creemos, equivocadamente, que la buena relación entre el precio de un vino y su calidad se da cuando uno compra un vino que no es costoso para nuestro bolsillo y que a la vez nos gusta. Esto es un error, ya que un vino caro puede también tener una muy buena relación precio – calidad, lo cual podemos ejemplificar de la siguiente manera: supongamos que se dividen a los vinos por rangos de precio (de hecho las bodegas realizan sus estrategias de ventas con productos para distintos niveles de precios); tomemos entonces el segmento de vino de $10 a $15 por botella en vinerías, ni muy caros ni muy baratos. Un individuo lo escoge por diferentes motivos, y al beberlo se encuentra satisfecho sintiéndose a gusto con el dinero que desembolso y el placer que sintió al consumirlo. Así, éste será para él un vino con una muy buena relación precio calidad.

Podemos observar con esto que la relación entre el precio y la calidad no esta ligada al poco o mucho dinero desembolsado ya que un individuo sentirá que a obtenido por ese rango de precios (sea bajo, medio o alto) un producto de alta calidad, puesto que desempeño las funciones para lo que fue adquirido (ya sea para degustarlo y catarlo o para mezclarlo con soda) a un precio que cumplió con la suma de valores que intercambió para obtener lo que buscaba. Esto es lo que debemos entender como una buena relación precio - calidad.

Concluyendo, podemos decir que no siempre un vino caro, por el solo hecho de serlo, tiene que guardar una estrecha relación entre su costo monetario y sus atributos, debido a que el mismo pudo haber sido impuesto por la oferta y la demanda que impone una moda o la trayectoria de la bodega elaboradora. Por lo contrario, si ese vino cuesta menos de lo que uno paga habitualmente por esa calidad, éste si guardará una inmejorable relación.

Lo que aquí queda es una reflexión para los encargados de comercialización de las bodegas, ya que el dilema solo podrá ser resuelto por ellos.

Autor: Federico J. Bolotin





Cuando la copa en la que se sirve el vino, es mas que un simple detalle.

[color=violet]El servicio del vino es un detalle muy importante a la hora de servirlo en un conclave gastronómico (llámese a esto: bares, pubs, restaurant o un evento.).

El arte de degustar un vino encierra una mística muy especial (a veces no comprendida), es fundamental para esto que un recinto que expenda u ofrezca vinos a sus asistentes tenga fundamentalmente el recipiente adecuado donde servirlo.

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1- Copa Syrah 2- Copa Borgoña 3- Copa Chardonay 4- Copa Burdeos

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5- Para Vino Tinto, tipo Burdeos 6 - Para Vino Blanco 7- Copa con Logotipo 8- Copa de Agua 9- Para Vino Blanco

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11 - Copa tipo Burdeos 12 - Copa tipo Borgoña 13 - Copa diseñada para los Vinos Cote de Rhone 14 - Copa de Champagne 15 - Copa Burdeos Blanco Chardonay

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1 - Copa especial para degustación de Vinos Tintos 2 - Copa óptima para percepción de aromas 3 - Copa especial para Champagne

La copa es ese recipiente fundamental, sí bien para enólogos, somelliers y winemakers son distintas las copas según la variedad del vino que se tome( hay mas de una decena de distintas copas, solamente la champaña tiene 3 clases distintas); esto no hay que tomarlo al pie de la letra puesto que sería algo casi impracticable.

Entonces basta con que los vinos blancos se sirvan en una copa con una menor capacidad que la del tinto y de boca más ancha, mientras que la de vino tinto tiene que estrecharse al llegar a su boca (no demasiado); igualmente la diferencia sustancial tiene que estar en que siempre debe poder contener más cm3.

¿Pero cuál es el factor principal que debe respetarse?

Lo más importante, independientemente de si la copa es de vidrio o cristal, tenga el mismo tamaño o forma para un vino blanco o un tinto, es que el borde de la boca de la copa, esté terminado en forma cortada (se la llama comúnmente cristal cortado), es decir que su terminación sea tipo plana y no con un borde redondeado. Con esta cualidad los asistentes que realmente tomen al vino como la columna vertebral de sus reuniones, seguramente estarán más que satisfechos, complacidos y disfrutarán de los cautivantes sabores del buen vino al llegar de la copa a la boca.

Compare esto con el acto de tomar el té en un jarrón o taza de desayuno de uso corriente y el de degustarlo en una fina tasa de porcelana o similar. [/color]

Fuente:http://www.elcampoenmarcha.com.ar/
www.oni.escuelas.edu.ar
http://www.lacavadebolotin.com.ar/index.htm

Trivento Brut Nature - Pinot Noir - 2003

Trivento Brut Nature
País: Argentina
Región: Mendoza
Subregión: Maipú
Bodega: Trivento
Variedad: Pinot Noir
Estilo: Espumante

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Descripción: Fundada hace solamente 11 años, Trivento es, entre las grandes bodegas, una de las más jóvenes de la Argentina. Pero su juventud no se condice con su experiencia: detrás de la marca está todo el savoir-faire del Grupo Concha y Toro, uno de los líderes en la industria vitivinícola del “Nuevo Mundo”.

A la hora de ampliar sus horizontes, la tradicional bodega chilena eligió a la provincia de Mendoza por su calidad de suelos y climas y también porque brinda una oportunidad única en el mundo como es la de practicar “vitivinicultura de altura”.

Trivento Bodegas y Viñedos se encuentra ubicada en la localidad de Russell, departamento Maipú, con tecnología de última generación para prensado y vinificación. Algunas de sus variedades recibieron importantes premios internacionales.

Este espumante está elaborado con uvas Pinot noir y Chardonnay. Es de un color rosado leve con reflejos amarillos. El aroma recuerda a cerezas y manzanas, con notas que recuerdan a pan tostado. El sabor es untuoso, persistente y elegante, con una agradable sensación de acidez.
Acompaña muy bien al salmón ahumado.
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Alamos Malbec - Malbec - 2005

Alamos Malbec
País: Argentina
Región: Mendoza
Subregión: Agrelo
Bodega: Catena Zapata
Variedad: Malbec
Estilo: Tinto con cuerpo
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Descripción: El nombre de Catena Zapata está íntimamente asociado a la historia de la vitivinicultura argentina. Porque Nicola Catena, el primero de la familia en llegar de Italia, plantó en 1902 en Mendoza su primera viña de Malbec.

Desde entonces, la Bodega Catena Zapata ha ido innovando en el proceso de producción de vinos hasta convertirse en una de las más importantes de la Argentina. Hoy tiene plantados viñedos en diversas altitudes (de 860 a 1520 metros sobre el nivel del mar), lo que le permite elaborar vinos excepcionales con blends de uvas de distintos microclimas.

Bodega Catena Zapata se encuentra ubicada en Agrelo, departamento Luján de Cuyo, a 45 kilómetros al sur de la ciudad de Mendoza. Pero sus viñedos están plantados en diversas localidades: en Lunlunta (860 msnm), a 30 kilómetros al sur de Mendoza, en Agrelo (940 msnm), en Tupungato (de 1220 a 1520 msnm), a 120 kilómetros al sudoeste de Mendoza y en La Consulta (900 msnm), a 120 kilómetros al sur de Mendoza. La gran riqueza de sus vinos se debe a que en una distancia de 90 kilómetros conviven climas completamente opuestos.

De profundo color púrpura con matices violeta, Alamos Malbec se destaca por sus aromas de abundantes frutos negros y delicadas notas florales y de tostado. El resultado es un vino que en nariz se presenta intenso y vivaz. En boca presenta concentradas notas de cassis y frutos del bosque con sutiles dejos de chocolate y especias dulces provenientes de un moderado añejamiento en roble. El final es largo y persistente, con taninos maduros y sedosos.

Este Malbec es ideal para platos a base de carnes a la parrilla.
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Callia Magna Syrah - Syrah - 2005

Callia Magna Syrah
País: Argentina
Región: San Juan
Subregión: Valle de Tulum
Bodega: Callia
Variedad: Syrah
Estilo: Tinto joven cuerpo medio
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Descripción: Ubicada en el oasis sanjuanino, Bodegas Callia fue construida en el emplazamiento de una vieja bodega, con el objetivo de respetar al máximo el entorno de la zona. Especialmente diseñada para acompañar el paisaje, el color de sus construcciones se funde en el de los médanos cercanos.

Bodegas Callia se encuentra ubicada en Caucete, en el valle de Tulum, a 26 kilómetros al este de la ciudad de San Juan y a 31º40’ de latitud sur. La altura promedio del valle es de 630 metros sobre el nivel del mar con una temperatura media anual de 17º C y precipitaciones anuales inferiores a los 200 milímetros, condiciones ideales para obtener vinos intensos, frutados, con estilo y personalidad únicos.

Justamente, el Syrah es una uva que se adaptó perfectamente al clima sanjuanino, con baja humedad, gran exposición solar, adecuada alternancia térmica y suelos francoarenosos. En el momento de su cosecha, la uva tiene aquí el grado de madurez justo. El Syrah sanjuanino cuenta con condiciones climáticas y de suelo similares a las del australiano, considerado como uno de los mejores del mundo.

De color rojo oscuro con matices violetas, el Callia Magna Syrah posee aromas especiados y equilibrados, con notas de regaliz, vainilla y coco. En boca es untuoso, con taninos amables y redondos.

La recomendación sobre maridajes es no ser rígido, sino creativo y transgresor. Este Syrah acompaña muy bien platos con cordero. Pero también se puede tomar con un buen plato de quesos fuertes.
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Luigi Bosca Alta Gama Malbec Verdot - Cabernet Sauvignon Pinot Noir - 1996

Luigi Bosca Alta Gama Malbec Verdot
País: Argentina
Región: Mendoza
Subregión: Luján de Cuyo
Bodega: Luigi Bosca
Variedad: Cabernet Sauvignon Pinot Noir
Estilo: Tinto con cuerpo
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Descripción: La bodega de la familia Arizu, instalada a principios del S XX sobre el solar de lo que fue un antiguo molino harinero, ha generado vinos notables, como este Malbec Verdot de la Línea de Alta Gama de la Bodega Luigi Bosca, originario de la Finca “Los Nobles” (distrito de Compuertas). El riego de la finca es de superficie con aguas de deshielo, conducido por canales y acequias y riego por goteo.

Otoños largos, inviernos fríos y veranos secos, crean las condiciones ideales para obtener la madurez óptima y un gran cuerpo. El suelo es de origen aluvional, franco, y areno-calcáreo; permeable, y soportado por grava y canto rodado. La inclinación es de 1% este-oeste.

Este vino se caracteriza por su gran estructura, dulzura y su aroma a especias, ciruelas maduras, café, cerezas y violetas. Luego de 18 meses estacionado en barricas de roble francés, y 14 meses en botella, adquiere aroma a vainilla. Aterciopelado final en boca.

Es ideal para acompañar carnes de caza, cerdo, cordero y quesos duros. La temperatura recomendada para servirlo es de 18º a 20º. Tiene un potencial de guarda de 20 a 25 años.

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Salentein Primus Merlot - Merlot - 2003

Salentein Primus Merlot
País: Argentina
Región: Mendoza
Subregión: Valle de Uco
Bodega: Salentein
Variedad: Merlot
Estilo: Tinto con cuerpo
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Descripción: Esta notable bodega se encuentra ubicada en el Valle de Uco, testigo de numerosos acontecimientos históricos. Y es allí donde Salentein cultiva distintos cepajes en sus tres fincas: San Pablo, El Portillo y La Pampa. La bodega, en forma de cruz y dotada de una sofisticada tecnología, se encuentra en el medio de los viñedos, a 1200 metros de altura sobre el nivel del mar.

La calidad de este vino es la consecuencia del correcto terroir. Vides equilibradas, una baja producción, un perfecto control de irrigación y una adecuada madurez, son artífices del estilo de la línea Salentein Primus.

El clima es continental-monzónico, frío, con una importante amplitud térmica de 15º a 20º C. Los suelos son aluvionales y yacen sobre una cama de grava con muy buena permeabilidad y drenaje. Tienen bajos contenidos de material orgánico (-1%) lo que origina un suelo pobre. Vides con una edad promedio de 27 años, en cordón bilateral, con brotes posicionados verticalmente, una cantidad de 53 hectáreas, con una cantidad de 2600 plantas por hectáreas y un rendimiento final de 1 Kg. /planta.

El resultado es un varietal de gran expresión e impactante potencial aromático. Presenta una gran concentración de taninos dulces y maduros. Se muestra complejo y estructurado, con gran cuerpo, de prolongado, dulce y elegante final. Añejado 19 meses en barricas de roble francés y 12 meses de guarda en botella, la complejidad mostrada en la nariz se repite en la boca sobresaliendo las frutas rojas muy maduras llegando a la mermelada o jalea, acompañada de una sutil nota de tabaco y de especias.

El maridaje con comidas elaboradas, condimentadas, quesos estacionados y carnes rojas o salvajes son buenos ejemplos de combinación. El tiempo de guarda mínimo recomendado es de 10 años.

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Saint Felicien Chardonnay en Roble - Blanco Chardonnay - 2005
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Descripción: El nombre de Catena Zapata está íntimamente asociado a la historia de la vitivinicultura argentina. Porque Nicola Catena, el primero de la familia en llegar de Italia, plantó en 1902 en Mendoza su primera viña de Malbec.

Desde entonces, la Bodega Catena Zapata ha ido innovando en el proceso de producción de vinos hasta convertirse en una de las más importantes de la Argentina. Hoy tiene plantados viñedos en diversas altitudes (de 860 a 1520 metros sobre el nivel del mar), lo que le permite elaborar vinos excepcionales con blends de uvas de distintos microclimas.

Bodega Catena Zapata se encuentra ubicada en Agrelo, departamento Luján de Cuyo, a 45 kilómetros al sur de la ciudad de Mendoza. Pero sus viñedos están plantados en diversas localidades: en Lunlunta (860 msnm), a 30 kilómetros al sur de Mendoza, en Agrelo (940 msnm), en Tupungato (de 1220 a 1520 msnm), a 120 kilómetros al sudoeste de Mendoza y en La Consulta (900 msnm), a 120 kilómetros al sur de Mendoza. La gran riqueza de sus vinos se debe a que en una distancia de 90 kilómetros conviven climas completamente opuestos.
De color amarillo intenso con reflejos verdosos claros, Saint Felicien Chardonnay en Roble se destaca por sus aromas de frutas tropicales maduras, ananá, durazno blanco y vainilla. El resultado es un vino de gran complejidad y elegancia, que en nariz se presenta concentrado e intenso. En boca, de impacto dulce y untuoso, muy bien balanceado por la acidez, con sabores a frutas maduras y notas ligeras de vainilla y tostado, que le brindan un excelente y prolongado final.
Este Chardonnay es ideal para acompañar un gran variedad de platos, desde pescados hasta carnes blancas.

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Terrazas Chardonnay - Blanco Chardonnay - 2006

Terrazas Chardonnay
País: Argentina
Región: Mendoza
Subregión: Luján de Cuyo
Bodega: Terrazas de los Andes
Variedad: Blanco Chardonnay
Estilo: Blanco con cuerpo
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Descripción: Terrazas de los Andes (grupo LVMH), ubicada en Luján de Cuyo, Mendoza, es una bodega productora especializada en viñedos de altura y en la elaboración de vinos premium, varietales, pensados y creados desde viñedos de altura, nutridos por el deshielo de la Cordillera de los Andes en Mendoza.
Único entre las regiones productoras de vino en el mundo, la altura juega un rol clave en los viñedos de Argentina, dado que la variación de temperatura entre el día y la noche favorece la acumulación de ciertos componentes de aroma y sabor, especialmente los polifenoles, responsables del color, cuerpo y estructura de los vinos.

En la actualidad, Terrazas de los Andes ha dejado su marca en el mercado internacional de vinos de lujo en 45 países con el “Mejor Malbec de Argentina” en los últimos 10 años (1994-2004, Wine Spectator Top 100), veintiún 90+ puntos, o “5 Star” de Wine Spectator, Wine Enthusiast y Decanter, nombrado dentro de los “Top 20 Global Value Vintner” de Wine Spectator (2005), y premiado con una medalla “Bordeaux Varietal Trophy” por Decanter (2006).

Los vinos Terrazas de los Andes son elaborados en una bodega de 1898 de estilo español ubicada en Luján de Cuyo, Mendoza.

El vino Chardonnay tiene la particularidad de provenir de un cepaje que se da bien en el clima frío de montaña; por eso se cultiva a 1200 metros de altura, en los viñedos de Tupungato. El color del Terrazas Chardonnay color es de un heno pálido con notas verdes, con aroma a notas florales frescas, duraznos frescos y rastros de coco y ananá con minerales subyacentes. Su sabor es crujiente y redondo.
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Baron B Extra Brut - Chardonnay - 2006
Baron B Extra Brut
País: Argentina
Región: Mendoza
Subregión: Agrelo
Bodega: Chandon
Variedad: Chardonnay
Estilo: Espumante
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Descripción: Referirse a las Bodegas Chandon implica hablar de uno de los más grandes productores de vinos y champaña del mundo. Porque se trata de la filial argentina de la muy prestigiosa bodega francesa Moët et Chandon, productora de los famosos champagnes Veuve Clicquot y Dom Pérignon, entre otros.
Fue la primera empresa internacional que se animó a invertir en los viñedos mendocinos, en el año 1959 (hace casi 50 años). Y Bodegas Chandon Argentina, la primera filial que abrió Moët et Chandon fuera de Francia. Con una experiencia de más de 200 años, la casa francesa transmitió su savoir-faire a su filial argentina, con una constante preocupación por la calidad y la búsqueda de la excelencia.
Bodegas Chandon se encuentra ubicada en Agrelo, departamento Luján de Cuyo, a 45 kilómetros al sur de la ciudad de Mendoza.
El nombre de Baron B Extra Brut está íntimamente asociado a la historia de la bodega en la Argentina. Fue lanzado al mercado en 1970 con el objetivo de ofrecer un espumante de muy alta calidad para el mercado local y de América del Sur. Y se lo bautizó en honor al Barón Bertrand de Ladoucette, primer presidente de la bodega.
De color amarillo pálido con reflejos verdes, Baron B Extra Brut es un assemblage de uvas Chardonnay y Pinot Noir. Con aroma a frutas cítricas, durazno, ananá, en armonía con notas de pan fresco y pan tostado, logrados a través del contacto con la levadura, lo que deja un fin de boca amplio y nítido. El resultado es un espumante excepcional, de gran elegancia.
Se recomienda acompañar este sparkling con quesos blandos, sushi, aves blancas, pescados de mar y ensaladas.

Fuente: http://vinosdeargentina.blogspot.com

Mitos del Vino

Como buen mendocino que soy no puedo dejar de postear esto..

El vino, como tantas otras cosas famosas y populares, no está ajeno a los mitos, entendiendo como tales a las ciertas afirmaciones que se tienen como realidad revelada, pero que no poseen ningún sustento racional. Veamos algunos de los más comunes.El vino mientras más viejo mejor: sin duda, éste es el rey de los mitos sobre el vino, pero preste atención: es totalmente falso! Nadie discute que degustar un buen vino añejado por largos años es una experiencia inolvidable, pero recuerde bien que: no todos los vinos soportan crianza
larga en botella; hay infinidad de vinos que se han elaborado específicamente para ser bebidos jóvenes, disfrutando de sus aromas y sabores frescos y frutales; el vino es un ser vivo, que crece, madura y luego muere, por lo que por bueno que sea el vino, sólo soportará una cantidad
limitada de años y luego morirá (o se transformará en un líquido coloreado, para nada agradable a nuestros sentidos).

El vino blanco causa dolor de cabeza: en otros tiempos, quizás. El dolor de cabeza atribuido comúnmente al vino blanco en realidad era causado por la exagerada presencia de algunos elementos químicos, habitualmente utilizados para mantener la asepsia o como conservantes. La tecnología utilizada actualmente en la elaboración del vino ha reducido notablemente la presencia de estos elementos. Si el vino es de calidad, puede tomar tranquilo, que al otro día se levantará en perfectas condiciones. Ahora, si se inclina por productos muy baratos, en los cuales el envase cuesta más que el mismo vino, yo no le puedo augurar buenos resultados.

El vino tinto se bebe a temperatura ambiente: otro error muy difundido. El vino tinto debe beberse a una temperatura que oscile entre los 16°C y 18°C. A mayor temperatura se comienzan a perder cualidades positivas del producto, los aromas y sabores agradables desaparecen y prevalece el alcohol. No arruine un buen vino por servirlo a temperatura inadecuada. Si es necesario enfriarlo, debe hacerlo. Haga respetar esta temperatura de servicio en los restaurants.

Borgoña es una uva tinta, Chablis una uva blanca: es increíble, pero a esta altura todavía subsiste y mucho, este error conceptual. Borgoña y Chablis son zonas de Francia que elaboran vinos de muy alta calidad y prestigio, buscados en los mejores mercados internacionales. No son uvas. En Argentina se han utilizado incorrectamente estos nombres para vender productos de calidad media y baja. Los vinos no se asemejan en nada a los originales franceses. Afortunadamente la costumbre está próxima a extinguirse.

Debe hacerse sonar el corcho cuando se destapa una botella, mientras más fuerte el sonido, mejor: no tengo la menor idea en que se basa este mito, pero lo he escuchado frecuentemente. Debe ser que el sonido que se produce al descorchar, lo relacionamos de forma inconsciente con alegría y buenos momentos. De todas formas es totalmente falso y si quiere comportarse como un mínimo conocedor de vinos, destape la botella con cuidado y cariño, evitando en la medida de lo posible cualquier efecto sonoro.

Los fascinantes aromas del vino.

Algunos expertos afirman que el vino, simplemente tiene olor a vino. Obviamente esto no deja de ser una realidad, pero muy poco cautivante, ya que no nos propone nada a descubrir. Además, está claro que existen cientos de matices distintos en el aroma del vino, hecho que produce que ningún vino huela igual a otro. Varios estudios científicos han demostrado que en el compuesto denominado aroma del vino, existen muchas combinaciones químicas iguales o muy similares a las presentes en otras cosas. Simplificando, podemos encontrar en un vino, el mismo complejo químico
responsable del olor de la manzana, por ejemplo.

El descubrimiento y contemplación sensorial de estos compuestos aromáticos es, sin duda, uno de los principales placeres asociados al vino. Hay ciertos vinos en los que podemos pasar horas regocijándonos con su aroma, sin necesidad de beberlo. El problema, para la mayoría de los
consumidores, es identificar correctamente estos aromas. La solución es sencilla y única: se debe practicar mucho. No sólo oliendo con detenimiento cada vino, sino cada cosa que tenga un olor apreciable. Debemos ejercitar la memoria olfativa.

De todas formas, siempre será útil una guía sobre los posibles aromas presentes en el vino, para poder reconocerlos y para construir el lenguaje adecuado a la hora de hablar del vino. A continuación veremos una lista de aromas bastante comunes en los vinos. Obviamente no se trata de una lista exhaustiva, sino simplemente una guía, dividida por familia de aromas.

Vegetal: pimiento verde, hierba, pastos, heno, hoja de parra, laurel, sauce, tisana, infusión, hiedra, helecho, té, hoja de tabaco, maleza, tierra, musgo de árbol, sotobosque.

Floral: violeta, jazmín, clavel, espino, jacinto, narciso, flor blanca, brezo, retama, magnolia, miel, rosa, manzanilla, lirio, crisantemo, azahar.

Frutal: plátano, frutos rojos, cítrico, pasas, confitado, cereza, guinda, , almendra, bayas salvajes, arándanos, grosella, frutilla, fresas del bosque, frambuesa, grosella, moras, damasco, durazno, pera, manzana, piña, mango, melón, limón, naranja, pomelo, ananá, granada, nuez, avellana, aceitunas verdes, aceitunas negras.

Especiados: anís, eneldo, eucalipto, curry, hinojo, champiñón, trufa, canela, jengibre, clavo de olor, nuez moscada, pimienta, pimienta verde, albahaca, menta, tomillo, orégano.

De la madera: coco, vainilla, humo de tabaco, ahumado, incienso, tostado, caramelo, almendra tostada, pan tostado, pólvora, café torrefacto, cacao, chocolate, bombón.

Animal: caza, piel, almizcle, cuero.

Química: acético, alcohol, carbón, grava, hidrocarburos, naftol, fenol, sulfuroso, farmacéutico.

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Los estilos del vino

Para comenzar a transitar el largo y atrapante camino de la cultura del vino es indicado comenzar con un pequeño experimento. La prueba consiste simplemente en comparar dos vinos de la misma variedad de uva, Malbec, por ejemplo, uno con crianza en madera y el otro no. Incluso se puede
realizar la experiencia con vinos de la misma variedad, elaborados por el mismo enólogo, en la misma bodega, con uvas provenientes de la misma región. Rápidamente podrá descubrir las apreciables diferencias entre uno y otro. Descubrir y conocer estas diferencias es un elemento
fundamental si Ud. quiere convertirse en un “conocedor”. Y atención que ser un conocedor de vinos no hace referencia a descubrir que uno tiene aroma a cassis patagónico maduro y en cambio en el otro predominan las notas a frutillas frescas bañadas en salsa de chocolate. Hay que desestimar
este tipo de descripciones por poco útiles y poder percibir tales complejidades aromáticas no debe convertirse en objetivo. Saber de vino es bastante más simple.

Las diferencias que surgen de la comparación entre ambos vinos se perciben rápidamente en el color, ya que uno es más oscuro que el otro, el aroma en uno es más fresco y frutal, mientras que en el otro las notas aromáticas son más tibias y complejas. En boca uno es liviano y “fácil de tomar” y el otro es más corpulento, de sabor más complejo y hasta con cierta aspereza. A simple vista podemos estimar que la causa de estas diferencias se deben a que uno es un malbec joven y

el otro ha desarrollado un proceso de crianza en barricas de roble. Y entonces surge la pregunta, por qué algunos vinos se crían en roble y otros no? Cuestión de gusto simplemente o hay factores más complejos? Ya podremos responder todas estas preguntas. Por ahora simplemente será necesario
comprender que hay distintos estilos de vino, como existen distintos estilos de coches, mujeres, hombres, vestimentas, relojes, etc.

Ensayando una clasificación

Si somos rigurosos, estilos de vinos hay muchos y sería complicado desglosar aquí una clasificación perfecta. Necesitamos una clasificación de estilos que sea sencilla, didáctica y fácil de recordar. En síntesis que para Ud. sea útil. Habiendo echo la aclaración, podemos dividir los estilos del vino como sigue:

Blancos livianos

Se trata de los vinos blancos elaborados sin crianza en madera, en los cuales el enólogo busca resaltar la frescura y la fruta propias de la uva. Su elaboración es relativamente sencilla y el objetivo es el consumo rápido (que no quiere decir que se debe tomar la botella en 15 minutos, sino que en el lapso de un año aproximadamente desde que la bodega lo lanza al mercado debería
consumirse). Presentan un color amarillo claro y brillante, muchas veces con reflejos verdosos, su aroma es fresco y frutal, sin demasiada complejidad y en boca debe prevalecer su frescura y liviandad. Habitualmente son de trago fácil y no deben guardarse, ya que no mejoran con el tiempo. Son recomendados para acompañar varias preparaciones de mariscos y peces o simplemente como aperitivo. Ideales para las calurosas jornadas estivales. La mayoría de las variedades
blancas se pueden elaborar sin problema de esta manera. Deben servirse frescos. Y fresco es fresco no helado!!! El frío excesivo apaga las cualidades del vino y sus aromas y sabor pasan desapercibidos. Si se lo sirven helado, desconfíe. El frío también aplaca los defectos y quizás le hagan pasar gato por liebre. La temperatura debe ser entre 10 y 12 ° C.

Blancos con cuerpo

En este caso se trata de blancos más complejos y corpulentos, debido a que han tenido su paso por madera de roble. Simplemente se pueden haber criado algunos meses en barricas de roble o, en algunos casos, haber realizado el proceso de fermentación en barricas. Son vinos de color un poco más oscuro, muchas veces con tonalidades doradas. Su aroma es más tibio. Se percibe la fruta de la variedad, pero aparecen notas muy agradables aportadas por la crianza en roble, como la manteca, la vainilla, el pan tostado, la miel, etc. En boca son más corpulentos y su sabor es más
complejo, percibiéndose en la mayoría de los casos el aporte de la madera. Su aplicación gastronómica es bastante amplia y vale la pena ensayar al respecto. Son vinos que pueden
guardarse por algún tiempo, aunque no es recomendable que este sea excesivo y depende mucho de la fecha en que la bodega lo lanzó al mercado. Como consejo personal le recomiendo que no guarde estos vinos más de un año. Difícilmente mejoren y corre un fuerte riesgo que decaigan en su calidad. Son también excelentes aperitivos. La reina de las variedades elaboradas bajo este estilo es la Chardonnay. En Argentina también podemos encontrar Sauvignon Blanc, Tocai Friulano y Viognier .

Blancos dulces

Existen dos métodos principales para la elaboración de vinos blancos dulces: uno es la cosecha de uvas sobre maduras, conocida como cosecha tardía; el otro método es el encabezado o fortificación, o sea el agregado de alcohol vínico que detiene la fermentación, dejando azúcar residual de la uva.

Actualmente los blancos dulces elaborados como cosecha tardía han crecido mucho y presentan un amplio e interesante abanico de elección para el consumidor. Se trata de vinos de excelente calidad y muy atractivos. Generalmente el dorado está más presente en el color, el aroma dulzón es muy tentador y en boca suelen ser exquisitamente aterciopelados, con una sensación melosa que queda en el recuerdo. Ideales para beber solos como aperitivo o acompañando foie gras y postres. Estos se pueden enfriar un poco más sin problema.

En encabezados hay menos ejemplares, pero el segmento está en pleno crecimiento y hay algunos vinos realmente inolvidables.

Tintos livianos

También denominados tintos jóvenes, se trata básicamente de tintos sin crianza en roble y con poca concentración, frescos y frutados. Su destino es el consumo rápido, acompañando muy bien una importante diversidad de nuestra gastronomía local. Habitualmente presentan un color brillante, transparente, donde la tonalidad predominante es el rubí. Aroma fresco y frutal, sobresaliendo las notas de frutos rojos frescos. En boca deben presentar una buena presencia de fruta, cuerpo liviano, sin asperezas. Vino fáciles de tomar, excelente opción para todos los días. Casi todas las uvas tintas se elaboran de esta forma y en general no son vinos caros, debido a que se obtienen con un proceso más sencillo y permiten la utilización de mayores rendimientos (cantidad de uva obtenida por hectárea de viñedo) de la materia prima. Como todos los tintos, su
temperatura de servicio debe ser mayor a la de los blancos, idealmente rondando los 16 - 18° C. Estos vinos no soportan una guarda muy prolongada.

Tintos con cuerpo

Son vinos más complejos entre los que podemos encontrar a la mayoría de los grandes tintos argentinos. Requieren en su elaboración un trabajo más importante, desde el viñedo hasta la botella. La mayor parte es criado en barricas de roble por varios meses, para luego pasar a un tiempo de maduración en botella. Afortunadamente todavía podemos encontrar algunos ejemplares con crianza en toneles grandes de roble. Generalmente presentan un color más concentrado, llegando en
algunos casos a ser sorprendentemente oscuros. Si el vino es bueno puede pasarse horas descubriendo aromas, porque a la fruta propia de la uva, se suman las notas provenientes de su proceso de crianza, apareciendo olores tan curiosos y agradables como chocolate, café, cuero, hongos, madera, mermeladas, y un largo etc. En boca el cuerpo no pasa desapercibido, son concentrados, carnosos y en algunos casos hasta dan ganas de masticarlo. Sus taninos suelen ser poderosos y si el vino es muy joven aún, aparece notablemente una sensación de aspereza que denominamos astringencia. Son vinos ideales para acompañar platos sabrosos con salsas potentes y una gran variedad de cocina a base de carne. Son además, los vinos para guardar en nuestra bodega personal. Mejoran, se equilibran y se vuelven más complejos con el tiempo de descanso en botella.

En cuanto a su precio, parece no tener un límite superior. Sólo las variedades más finas se incluyen en este estilo. En Argentina, las principales son Cabernet Sauvignon, Malbec, Syrah y Merlot. Van apareciendo, sin embargo, otras muy interesantes: Pinot Noir, Cabernet Franc, Bonarda, Petit Verdot, Sangiovese, Tempranillo, etc.

Tintos añejos

Los tintos añejos son aquellos que originalmente perteneciendo a la categoría tintos con cuerpo, han sido madurados correctamente por varios años en botella y han adquirido características distintas a la original, por lo que es necesario moverlos de clasificación. El tiempo ha
suavizado su poderío y le ha brindado mayor armonía y complejidad. Presentan un color que se caracteriza por la presencia de tonalidades teja o amarronadas. En nariz aparece el bouquet, un aroma complejo y sorprendente. La fruta puede haber perdido intensidad, cediendo su lugar a notas más tibias y complejas. En boca es una experiencia muy placentera, nos llena el paladar suavemente, es redondo, aterciopelado. Su final es largo, dejándonos un grato recuerdo. Pueden acompañar una gran variedad de platos y son muy recomendados para alta gastronomía. La maduración
puede haber sido realizada por la bodega, por algún negocio minorista (restaurant, vinoteca) o por un particular.

Espumantes

En esta categoría se incluyen los que habitualmente denominamos champagnes o champañas. Pero legalmente el champagne es la denominación de vinos espumantes elaborados bajo ciertas características y reglamentaciones, que se produce en la zona francesa de la Champagne. La categoría general es espumantes y se trata de vinos con burbujas, adquiridas por un proceso natural, que es la segunda fermentación. Esta segunda fermentación puede ser realizada bajo el método tradicional o champenoise (en botella), o por el método Charmat, más industrial (en tanques). Las categorías en que se clasifican los espumantes deben tratarse en nota aparte.

Rosados

Los vinos rosados son una categoría de alto crecimiento en los últimos años en Argentina, aunque todavía es muy pequeña comparada con otras categorías. Se trata de vinos elaborados con variedades tintas de vid, que por distintos procesos, adquieren un color más claro y menor concentración general en su estructura. Los métodos más utilizados para la elaboración de rosados son dos: maceración corta, o sea un contacto mínimo entre el mosto (jugo de uva) y sus partes
sólidas (que brindan el color); y el proceso habitualmente llamado “sangría”, o sacar líquido a un mosto en maceración, proceso por lo cuál se obtendrá un vino rosado por una parte (el líquido que se sacó) y un vino tinto más estructurado por la otra (el vino al que se le sacó, cambiando la relación líquido sólidos).

Los vinos rosados pueden ser varietales o blends, al igual que los tintos. Deben consumirse frescos, a una temperatura inferior a los tintos (normalmente rondando los 12°C). Son ideales como aperitivos y para acompañar gran cantidad de platos, que incluyen pescados, pastas y carnes.

Las Denominaciones de Origen

El vino es un producto complejo y con personalidad. Esta "personalidad" está influenciada en cada caso particular por varios factores diferentes, como por ejemplo: región, características climáticas, suelo, altura, variedad, viñedo, riego, rendimiento, cosecha, métodos de elaboración y la propia mano del hombre. Esto provoca que un Cabernet de Mendoza, pueda ser distinto a un Cabernet de Salta, aunque objetivamente ambos sean de una calidad enológica similar.

La Denominación de Origen es el marco legal, creado para "patentar" las características y estilo de tal o cual vino. Estas características especiales tienen relación directa con la región productora. En forma contraria a lo que normalmente se cree, si se analiza el concepto puro de
Denominación de Origen, la ley o reglamentación protectora, es lo último en aparecer: ya existe una tradición, una particular forma de elaboración, un estilo definido y sobre todo, un reconocimiento y prestigio; recién después nace la ley que protege ese "savoir faire".

Para ejemplificar podemos tomar como caso el Oporto. Este vino nació en el siglo XVII y fue construyendo de a poco un gran prestigio internacional. Recién en el siglo XX se crea la Denominación de Origen respectiva. La creación de este marco legal no sólo protege la "marca" a nivel internacional sino que además establece estrictas normas referidas al producto, que aseguran al consumidor un estilo y nivel calidad .

La aceptación legal de una DO implica la creación del respectivo Consejo Regulador, una entidad regional de carácter normalmente mixto (público y privado), encargado de la regulación y control de la actividad vitivinícola de la región. En varios casos también cumplen una importante función de promoción. Normalmente funcionan con fondos obtenidos de una alícuota que pagan todas las empresas que pretendan hacer uso de la DO.

Son ejemplos de Denominaciones de Origen (Appellation d´Origine Contrôllée o AOC, en francés):

Rioja, Porto, Jerez, Cava, Champagne, Bordeaux, Bourgogne, Tokaj, Chianti, Cognac, Armagnac.

También los son Roquefort, Camembert (quesos) o Jabugo (jamón). Así, el concepto de DO es aplicable a varios productos, siempre y cuando la región de producción y las actividades específicas del hombre, influyan notablemente en su diferenciación. Obviamente este concepto está mucho más difundido en el vino.

Las DO regulan casi todos los aspectos que intervienen en la elaboración del vino, desde el viñedo hasta el momento de su lanzamiento al canal comercial. Estas regulaciones pueden variar bastante entre una DO y otra, pero hay tres que son comunes a cualquiera y marcan un poco la esencia del concepto: la materia prima destinada a la elaboración del producto debe provenir sólo de la región en cuestión, el fraccionamiento debe ser realizado únicamente dentro de la región y para poder usar el nombre de la DO, el producto debe pasar un examen por parte del comité de expertos del Consejo Regulador.

Otras regulaciones referidas a una DO son:

-Delimitación geográfica de la DO (en qué zona efectivamente se puede producir un vino bajo la DO).

-Variedades de uva.
-Características del viñedo en general.
-Rendimiento por hectárea del viñedo (toneladas de uva/hectárea)
-Delimitación de la fecha de cosecha
-Grado mínimo de la uva en el momento de la cosecha.
-Proceso de elaboración (técnicas permitidas, no permitidas, etc)
-Crianza mínima en roble y botella.
Los argentinos y las denominaciones de origen.
Desde el punto del consumidor argentino que pretende avanzar en el mundo del vino, conocer algo sobre denominaciones de origen tiene un doble sentido.
Uno es, obviamente, acrecentar el nivel cultural, preparándolo para afrontar con armas más potentes el descubrimiento de vinos de otros mundos.
El otro sentido, no tan elevado., simplemente es salir de la confusión que plantea el poco respeto por la legislación internacional de parte de los productores argentinos. Si leyéramos por ahí que el borgoña es sin duda uno de los mejores vinos del mundo y posteriormente probamos un Borgoña argentino nuestro orgullo por el poco conocimiento sobre el vino, quedará rápidamente desparramado por el suelo.

Si seguimos con el ejemplo, no son pocos los argentinos que están convencidos que borgoña es una variedad de uva tinta y Chablis una variedad blanca. Lejos están de conocer que ambas son regiones francesas y que el borgoña se elabora con Pinot Noir y el Chablis con Chardonnay.

Esta confusión nace de la usurpación de los productores argentinos de "marcas" con prestigio internacional. Lamentablemente ni siquiera se ha respetado una similitud de productos, nuestros "borgoñas" generalmente son vinos de calidad media elaborados con cualquier variedad de uva,
excepto Pinot Noir (normalmente son un corte de Bonarda y Malbec). Lo mismo ocurre con los "chablis" en los cuales se utilizan variedades de alto rendimiento y menor calidad enológica (chenin, ugni blanc, etc)

Esta situación se repite en varios productos: jerez, oporto, cognac, champagne, etc. Para ejemplificar aún más, esta conversación sería algo habitual: "qué preferís: champagne nacional, español o francés". El champagne es uno solo, aquel que se produce en la zona homónima francesa. El español se llama cava y el nacional es simplemente un espumante. La situación se agrava un poco más, si tenemos en cuenta que la mayoría de estos espumantes ni siquiera son elaborados bajo el método champenoise.

Un problema agravante en estos últimos ejemplos, es que se ha tomado el nombre correspondiente a una DO como un genérico que define un estilo de producto.Pero como es difícil vivir a contra mano del mundo, Argentina y otros países con estas costumbres han firmado acuerdos internacionales sobre la protección de los derechos de propiedad intelectual, marcas y patentes más acuerdos de legislación comercial que "obligan" a los productores a dejar de utilizar estos nombres. Obviamente la cosa no es tan fácil, sino pensemos en el impacto comercial que puede tener que de un día para otro Chandon no fuera más champagne, sino vino espumante. O para los fieles seguidores de Bianchi Borgoña, que este desaparezca y pase a llamarse Bianchi Bonarda - Malbec. La comunicación de este cambio al consumidor costaría muy cara y las discusiones para determinar quien debería pagarla sería eterna.Se resolvió otorgar varios años de plazo dejar de utilizar estas denominaciones. El plazo es suficiente para que las bodegas vayan de a poco cambiando el nombre del producto. Veremos que sucede cuando se agote el plazo.

Las botellas

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Resulta difícil imaginar el vino sin su correspondiente botella, pero la realidad es que la utilización de las botellas en la industria vitivinícola data del siglo XVII. Anteriormente el vino era contenido en recipientes de barro o arcilla o en los barriles de madera utilizados para el transporte.

Las primeras botellas utilizadas no eran otra cosa que una forma elegante de presentar el vino en la mesa. Gracias a los avances realizados en la fabricación del vidrio (en Inglaterra, Francia y posteriormente en Holanda) se pudo finalmente conseguir botellas fiables y resistentes. Este
progreso se debió esencialmente a la utilización del carbón, llevado a altas temperaturas por medio de un túnel de aireación en las calderas. Estas primeras botellas fueron robustas, de color oscuro, de forma regular y de bajo costo, resultando ideales para contener y conservar el vino.A mediados del siglo XVIII se abandona la forma esférica tradicional, para adoptar la forma cilíndrica que conocemos, mucho más práctica, sobre todo para almacenar las botellas de forma horizontal, posición necesaria para guardar el vino por varios años.
En la actualidad el tamaño estándar internacional de la botella de vino es la de 750 cm3 o 75 cl. La gran mayoría de los vinos de calidad del mundo se venden en este tamaño de botella, y en algunos casos sus múltiplos o submúltiplos. La botella de litro se utiliza generalmente para envasar vinos ordinarios, de pobre calidad y bajo precio; y verdaderamente tiene muy poca presencia en el mercado. Sin embargo, la media botella, de 37,5 cl está siendo cada vez más utilizada, por ser una medida muy apropiada para consumo individual.

Y aquí va la respuesta a un interrogante frecuente: el tamaño de la botella no afecta solamente a la cantidad de vino contenido, sino que influye en el envejecimiento. El vino llega mucho más rápido a su punto de madurez en una botella grande. Esto se debe al efecto de masa y a los
complejos fenómenos de oxidación y oxidorreducción que se llevan a cabo durante el proceso de maduración. Hasta el momento se ha establecido empíricamente que el tamaño ideal para la crianza del vino es la botella Mágnum (1,5 litros, o sea, el tamaño de dos botellas tradicionales).

Finalmente otro dato sobre el cual existen dudas frecuentes: el nombre de los diferentes tamaños de botellas, cada vez más frecuentes en el mercado, sobre todo en tintos y champagnes: Magnum (1,5 litros), Jeroboam (3 litros), Rehoboam (4,5 litros), Matusalem (6 litros), Salmanasar (9
litros), Baltasar (12 litros) y Nabucodonosor (15 litros). En el caso de Burdeos, hay una diferencia en los nombres, denominándose: Marie- Jeanne (2,25 litros), Doble mágnum (3 litros), Jeroboam (4,5 litros) e Imperial (6 litros)

La madurez del vino

Quienes ya se han interiorizado en las delicias del conocimiento del vino, habitualmente tienen una pregunta importante y a veces difícil de responder: cuando llega la madurez del vino? Tomando en cuenta que se está haciendo referencia al momento óptimo de consumo, cuando el vino brinda lo mejor se sí.

Para entender más el cuestionamiento, deberíamos tomar como ejemplo cualquiera de los buenos vinos de guarda que últimamente han aparecido en Argentina. Vinos que se pueden beber y disfrutar hoy, pero que por su estructura y corpulencia, indican que mejorarán con la guarda en botella.

Una respuesta muy acertada para el cuestionamiento de la madurez es la simple comparación del vino con el ser humano. Aunque en términos legales se imponen requisitos para la madurez (18 años para ciertas cosas, 21 para ciertas otras, etc) esto no sería más que los 18 meses en barrica y 2 años en botellas que tal vino debe cumplir para salir al mercado. La madurez como persona no es algo susceptible de imposición, a cada individuo le llegará en su momento y dependerá mucho de las características de este individuo más las del contexto en el que crece. En el vino es exactamente igual, por lo que no se pueden construir reglas al respecto. Cada uno tendrá sus propios tiempos, que también estarán muy influenciados por el contexto (condiciones de guarda).

La evolución del vino se puede visualizar como una curva ascendente hacia su madurez, una meseta más o menos prolongada y luego la curva descendente que implica la decrepitud. Esta curva es particular para cada vino y no es muy inteligente tratar de convertirlas en estadísticas.

Para traducir lo anterior a nuestros sentidos, podemos decir que hay dos etapas clave en la evolución y maduración que definen la famosa curva de la vida de un vino. La primera es la etapa en la que los taninos y la frutosidad se entrelazan totalmente para ofrecer el máximo potencial de aromas y complejidad del vino, la famosa redondez y suavidad de la geometría del vino, no hay aristas, todo esta integrado como una gran orquesta. El vino es maduro, complejo y sutil. La
segunda es la meseta, la etapa más o menos larga durante la que la orquesta será capaz de aguantar tocando de forma armónica y la geometría será nítida. El final de esta etapa es el inicio de la desaparición de las cualidades del vino.

Es necesario agregar que el vino está hecho para ser disfrutado, por lo que para definir el punto óptimo de consumo, el vino tiene un coprotagonista, que será el gusto y las preferencias de quien lo beberá. Hay quienes prefieren vinos intensos y muy frutales, otros que se inclinan por la
suavidad y la tibieza de aromas, etc. Por ello, la decisión sobre la madurez y el punto óptimo de consumo deberá ser exclusivamente propiedad de quien beberá el vino. Los expertos sólo podemos otorgar consejos al respecto y tratar de iluminar el camino, pero quien debe recorrerlo es simplemente el consumidor.

La importancia de las copas

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Hablamos mucho del vino, de cómo comprarlo, cómo guardarlo correctamente, cómo combinarlo con las comidas, etc. Hablamos incluso de corchos, barricas y viñedos, pero poco hablamos de las copas. Y le voy a proponer un juego sencillo para comprobar la importancia de una buena copa: pruebe en el mismo momento, el mismo vino, uno servido en una copa adecuada de vino y otra en un vaso cualquiera. Después me cuenta.

La forma, grosor, limpieza y olor de una copa tiene influencia, positiva o negativa, clara y directa en la vista (color), aromas y sabores del vino que estemos catando o bebiendo. La copa es realmente la principal herramienta para catar un vino ya que es el elemento que nos acerca, presenta, enfoca y sirve el vino. De hecho, un degustador profesional se niega a catar un vino, si no es en la copa adecuada.

La compañía austriaca Riedel es sin lugar a dudas la productora de las copas más prestigiosas disponibles en el mercado. Esta compañía ha investigado en profundidad, mediante infinidad de catas ciegas con catadores profesionales, las implicaciones e impacto en el aroma y sabor de distintos tipos de vino, por zona de origen y varietales, de copas con distintas formas y bordes, cantos. Se han creado, copas de distintas formas y cantos a la medida por ejemplo de la uva Chardonnay, la Cabernet o de los grandes tintos de guarda. La forma del borde, del canto de la copa, se ha diseñado específicamente para dirigir el líquido a la zona del paladar más adecuada para el tipo de vino. La claridad del cristal y su grosor, afectan a la visión, a los colores. El tamaño y forma de la copa, inciden en los aromas, mediante su mayor o menor aireación y su
difusión o concentración. La forma del canto, el borde de la copa, define el lugar de la lengua en el que el vino va a "aterrizar", determinando la primera percepción de sabor. Este último punto es muy importante. Una copa que, por ejemplo, sea capaz de dirigir el líquido hacia el centro de la lengua, minimizando el contacto con los lados de la lengua (acidez), será capaz de minimizar la acidez, En definitiva son copas capaces de enfatizar el carácter y personalidad del vino. Lo que en todo caso es importante recordar es la importancia de la copa, su forma y la calidad
del cristal, tanto en claridad como grosor. De todas formas no es necesario llegar al extremo de comprar copas Riedel para cada tipo de vino. Basta con que tengamos un juego de copas adecuadas para vino, de las que hoy podemos encontrar una variedad importante, tanto de precio como de calidad, en el mercado. La única imposición ineludible si Ud. se considera amante del buen vino, es desterrar los vasos y cualquier copa tallada, de color o formas extrañas.

Por último, la respuesta a la frecuente pregunta sobre si se deben cambiar las copas cuando tomamos distintos vinos. Lo más correcto sería hacerlo, pero como esto no siempre es posible, le aconsejamos "envinar". Esta practica consiste en vaciar todas las copas del vino anterior (para ello lo mejor es beberlo), servir una pequeña cantidad del siguiente vino en una copa y con ésta "mojar" todo su interior, mediante un movimiento rotatorio, como si fuéramos a catar. Una vez
mojado todo el interior de la copa, se trasvasa ese vino a la siguiente copa y así sucesivamente.

Así se consigue "limpiar" los aromas del anterior vino y preparar las copas para el siguiente

La elaboración del vino.

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El vino es la bebida obtenida por fermentación del fruto de la vid, específicamente de las que pertenecen a la familia de la Vitis Vinífera. Existen también varias especies de uvas que no son aptas para la elaboración de vinos de calidad.
La vid es una planta rastrera que se necesita de condiciones climáticas austeras para desarrollarse correctamente. Normalmente no se reproduce por semilla, sino por medio de estacas o barbechos obtenidos de la misma planta.

La floración ocurre en primavera y sus frutos se encuentran maduros a finales del verano y principios de otoño (entre Febrero y Abril, hemisferio Sur).

Tanto las hojas como la forma y tamaño de los racimos difieren entre sí en cada variedad de uva (Cabernet, Malbec, etc.) La ampelografía es la ciencia que se dedica a estudiar las características de cada variedad y a identificarlas correctamente.

El racimo de uva posee dos partes:

- una leñosa llamada raspón
- los granos o bayas

El raspón no tiene ninguna aplicación en la elaboración del vino. La baya es sumamente importante porque su constitución determinará el tipo de vino a obtener (en conjunto con otros factores).

El grano está constituido por:

- La piel u hollejo.
- La pulpa
- Las semillas

Los tres elementos son de suma importancia en la elaboración del vino. La piel está compuesta de agua, ácidos, celulosa, minerales y dos grupos de sustancias muy importantes, sobre todo en la elaboración de vinos tintos: la materia colorante (antocianos) y los taninos. La cantidad de taninos que contiene la piel varía según la variedad. La constitución
química de estas sustancias es bastante compleja y varía mucho de acuerdo a la uva.
Las semillas, asimismo, contienen numerosas sustancias que pasan al vino durante el proceso de fermentación. Las más importantes son los taninos y las materias grasas.

La pulpa es la parte principal del grano de uva (ocupa entre el 80% y el 90% del grano). Está formado por células llenas de agua más otros constituyentes como azúcares, ácidos, sustancias nitrogenadas y minerales; que luego pasarán a formar parte del mosto. El azúcar contenida en el mosto es de suma importancia en la elaboración del vino, ya que se convertirá en alcohol, proceso de fermentación mediante.

Procesos de Elaboración

Cosecha:

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Cuando la uva ha alcanzado su punto de maduración óptimo es cosechada. Este momento dependerá del tipo de uva, la región, las condiciones climáticas de ese año e incluso el tipo de vino a elaborar. Generalmente, en Argentina, el periodo de cosecha se extiende entre Febrero y Abril.
Normalmente las variedades blancas se cosechan antes y las tintas después.

La cosecha puede realizarse en forma manual (obreros que cortan racimo a racimo con tijeras especiales) o mecánica (una máquina especialmente diseñada, que penetra por las hileras, removiendo la planta y recogiendo los granos de uva).

Los cuidados en esta etapa son muy importantes, ya que influyen directamente en la calidad final del vino obtenido. Los aspectos más importantes son la temperatura (incluso se hacen cosechas nocturnas) y el tiempo tomado entre la cosecha y el arribo de la uva a la bodega.(para evitar oxidaciones no convenientes)

Etapas en el Proceso de Elaboración.

En la elaboración de vinos encontramos varios procesos diferentes e inclusos algunos que dependen si se habla de tintos o de blancos. Por ello, se analizarán por separado.
La etapa más importante, el eje central de todo el proceso, es la fermentación, por lo que se explica por separado y con un poco más de detalle.

Fermentación alcohólica.

Básicamente durante la fermentación alcohólica, el azúcar de la uva es transformada en alcohol. En la piel u hollejo del grano de uva, se encuentran pequeños microorganismos que pertenecen al grupo de los hongos y que llamamos levaduras. Estas levaduras son las responsables de la transformación del azúcar. Cuando las condiciones son las adecuadas, las levaduras comienzan a reproducirse y van transformando los azúcares en alcohol y gas carbónico.
Si bien, adheridas al hollejo del grano de uva, vienen las levaduras naturales (llamadas indígenas), hoy en bodega se agregan cepas de levaduras seleccionadas (de laboratorio) para asegurar la fermentación óptima.

Una vez que las levaduras han degradado la totalidad de azúcares, mueren y forman un sedimento en el fondo de la vasija llamado borras.

Elaboración de Vinos Tintos

Una vez que la uva ha llegado a la bodega, cumple básicamente con los siguientes procesos:

Estrujado.
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Consiste en romper el hollejo de los granos de uva para que estos liberen el jugo. Esta operación se realiza con la ayuda de máquinas especiales (pisadoras o estrujadoras) que pueden ser de varios tipos.

Derrasponado.

Consiste en separar los granos de uva de la parte herbácea del racimo (raspón o escobajo) cuya intervención no es apropiada para nuestro objetivo.

Fermentación – Maceración.

Para elaborar vino tinto el mosto se deja en contacto con el hollejo y las semillas. Aquí se realizan dos procesos simultáneos. La fermentación, realizada por las levaduras, que transformarán el azúcar del mosto en el alcohol del vino, por un lado. Por el otro, la maceración, en donde el jugo de uva o mosto, estará en contacto con las partes sólidas del grano, como el hollejo y la semilla, que le aportarán el color y los taninos al futuro vino. El tiempo y
la intensidad de este fenómeno, dependerá del vino que se quiera obtener.

Fermentación Maloláctica.

Entre los constituyentes de la uva se mencionó la presencia de algunos ácidos, principalmente: ácido tartárico, ácido málico y ácido cítrico. Este último desaparece rápidamente durante el proceso de fermentación alcohólica. Terminada la primera fermentación, hay algunas bacterias que suceden a las levaduras alcohólicas, que efectúan lo que se conoce como segunda fermentación, fermentación secundaria o maloláctica, en la cual el ácido málico es transformado en ácido láctico. Este es de constitución suave y agradable. El ácido tartárico, el más estable de los tres, pasa a formar el verdadero constituyente ácido de los vinos.

Trasiego.

En los vinos nuevos se produce una decantación espontánea. Esto implica que los sedimentos se depositan en el fondo de la vasija formando borras. El trasiego consiste en sacar los vinos nuevos que se encuentran sobre borras y pasarlos a una vasija completamente limpia. En el pasaje se tiene la precaución de no arrastrar los sedimentos.

Clarificación.

Operación que consiste en agregar al vino una sustancia orgánica que arrastran hacia el fondo de la vasija o recipiente aquellos elementos en suspensión no deseados en el vino.

Crianza.

Los vinos tintos pueden ser lanzados al mercado como jóvenes, cuyas propiedades van a ser la frescura y el frutado o pasar por un proceso de crianza. La crianza tiene como objetivo mejorar los vinos de gran calidad. Este proceso se realiza en barricas o toneles de roble. Luego debe estibarse un tiempo botella, que dependerá del tipo de vino y luego al mercado.

Elaboración de Vinos blancos

La principal diferencia con respecto a la elaboración de tintos, reside en qué en este caso no se realizará maceración (el mosto fermentará sin presencia de sólidos)

Prensado.

Por medio de esta operación se extrae el mosto, por presión ejercida sobre las uvas. Para realizar esta actividad se utiliza una máquina llamada prensa.

Encubado.

Se puede encubar en distintos tipos de recipientes. Como en general los vinos blancos se consumen frescos, ligeros y aromáticos, durante la fermentación se prefieren bajas temperaturas. Actualmente para desarrollar bien esta actividad, se utilizan tanques de acero inoxidable que
vienen equipados con modernos sistemas de refrigeración.

Fermentación.

Se le agrega al mosto levaduras seleccionadas que transformarán el azúcar en alcohol.

Trasiego.

Pasar el vino de una vasija a otra, dejando en la primera todos los restos sólidos precipitados.

Clarificación.

Agregado de una sustancia que ayuda a precipitar elementos en suspensión no deseados.

Estabilización.

Complementa a la operación anterior, logrando un vino completamente limpio. Se realiza con baja

voluntaria de temperatura.

Embotellado.

El vino ya esta listo y se envasa, para posteriormente lanzarse al mercado. Hay algunos vinos blancos que pasan por un proceso de crianza en barrica y luego son embotellados.

Vino Rosado.

Básicamente, las características del color provienen por el escaso tiempo en que el mosto está en contacto con el hollejo.

La degustación: el arte de apreciar el vino

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Todos habremos escuchado alguna vez, la elocuente habilidad de un experto catador a la hora de describir un vino: aromas de cassis patagónico maduro, cardamomo, almizcle de ciervo europeo en celo y sutiles notas de pólvora de fúsil del siglo XVII. Sin hablar de aquellos que al probarlo determinan con exactitud el varietal, el año de la cosecha, la bodega productora y que el enólogo estaba resfriado en el momento de la fermentación. Pues olvídese de todo esto, es simplemente un juego de adivinación.

La degustación es el análisis sensorial de las cualidades de un vino. El acto de beberlo con atención y no de manera distraída, percibiendo cada una de las características que la bebida comunica. Es un proceso simple, sencillo y gratificante, que tiene etapas de aprendizaje y
perfeccionamiento, que cualquier persona puede disfrutar. No es exclusivo de algunos, simplemente se necesita la predisposición al placer sensorial.

No me cree?

Compre ahora mismo dos botellas de vino diferentes, un Malbec y un Cabernet, por ejemplo. Sírvase una copa de cada uno y preste atención. Inmediatamente se dará cuenta que presentan aromas diferentes, no los identifica? No importa. Ya se dio cuenta que son diferentes. Con eso basta.

Incluso podrá definir con palabras propias cada vino en relación al otro: este es más dulce, más redondo, más áspero, menos amargo, más liviano, etc., etc. Ya está degustando. Veamos ahora como hacerlo correctamente.

Por dónde empezar?

Debemos diferenciar dos tipos de degustaciones. Aquella profesional o incluso entre amigos, donde hay un objetivo serio de evaluar varias muestras distintas de vino, calificando a cada una. Esta degustación puede tener como objetivo, por ejemplo, la selección de los vinos a incorporar en un restaurant, entre todas las muestras
preseleccionadas; o bien puede ser una realizada por Ud. mismo con un grupo de amigos, evaluando cinco varietales Malbec diferentes, para determinar cuál tiene mejor relación calidad – precio (práctica muy aconsejable).
Este tipo de degustación necesita que tengamos en cuenta algunos aspectos relacionados con el contexto, para asegurar resultados positivos: debe realizarse en una habitación bien iluminada (si es con luz natural mejor aún), libre de ruidos molestos, circulación de gente y olores extraños (humo, perfumes, comida, etc.); debemos poseer las copas de degustación adecuadas, una mesa amplia en lo posible con manteles blancos, un recipiente donde volcar el restante no
degustado y un papel donde tomar anotaciones (lo mejor son planillas de degustación ya armadas). Intentar mantener la concentración durante la degustación y comentar con los demás, las apreciaciones al finalizar con cada vino.
Por otro lado, la degustación en sí misma, el hecho de analizar sensorialmente el vino, en cualquier contexto: estando solo, en un restaurant, en una cena familiar, etc. Obviamente en las situaciones no planificadas se puede degustar igual de manera inteligente. No por no tener un

mantel blanco y una planilla de degustación a mano, se trague el vino sin más. Aproveche cada una de las oportunidades de disfrutar y evaluar las complejas características que nos brinda esta bebida. Saque sus propias conclusiones y trate de recordarlas. Después, si quiere, dedíquese a tragar, sobre todo si las conclusiones fueron muy buenas.

La degustación en sí misma.
Para asegurar un buen resultado debe considerar los siguientes factores a la hora de degustar:
Copas adecuadas: La copa es un elemento sumamente importante para apreciar las características del vino. Una copa inadecuada puede impedir la observación correcta del color o la apreciación del complejo aromático. Las mejores son las copas de degustación estandarizadas.

Temperatura de servicio: cada vino debe servirse en su temperatura correcta, el exceso de frío o calor distorsionarán o impedirán la correcta apreciación de las características organolépticas del producto, especialmente de los aromas. En este sentido, por regla general servir los vinos tintos entre 16°C y 18°C, los blancos secos entre 10°C y 12°C, los blancos dulces entre 7°C y 9°C y los espumantes (champagne) entre 6°C y 8°C.

Orden a seguir en la degustación: la regla que establece el orden de los vinos a degustar es simple: empezar por los más livianos y terminar con los de mayor cuerpo y complejidad. Como ejemplo, en una degustación completa, el orden sería: vinos blancos livianos, vinos blancos con crianza en roble, tintos jóvenes livianos, tintos con madera y por último, tintos añejos. Si en la muestra hay algún blanco dulce (tipo sauternes) o algún licoroso (oporto), deben dejarse para el final, debido al importante nivel de azúcar que poseen, que tapa las características de otros vinos.

En toda degustación, el vino se debe analizar en cuatro etapas, en este orden: color, aroma, boca y armonía general.

Color.

Como primera medida sirva la cantidad correcta de vino en su copa. Tomando como base la copa de degustación recomendada, el líquido debe llenar la misma hasta la marca denominada ecuador (la parte del cáliz con diámetro más ancho).La observación del color se realiza de arriba hacia abajo. Incline la copa sobre alguna superficie de color blanco (un mantel o simplemente una hoja de papel) hasta quedar casi
horizontal. Verá que el líquido toma forma de lengua. Ahora concéntrese sobre la punta de la “lengua”. En ella podrá observar el color principal del vino (rojo bordó, por ejemplo) y sobre el borde, los matices, que en un vino tinto joven podrán ser púrpuras.A través de la observación del color, podemos estimar a qué tipo de vino nos enfrentamos. En los tintos podemos encontrar matices rojos violetas (vinos jóvenes), pasando por la gama de los rubí (tintos con cierta crianza) hasta los rojo con tonos tejas o amarronados (tintos añejos).
En los blancos, esta escala va de los amarillos claros con reflejos verdosos (blancos livianos) hasta el dorado (blancos con cuerpo y crianza).

Por otra parte un buen vino debe presentar un color límpido y brillante. Si el mismo se presenta mortecino, turbio o sin brillo, podemos estar ante la presencia de algún problema.

Aromas.

En segundo lugar se debe percibir y analizar los aromas del vino, siendo esta etapa muy importante en el resultado final, a la vez que una de las más gratificantes y placenteras.

El olfato es uno de los sentidos más importantes y elementales del ser humano, ya que remite inmediatamente a la memoria y nos permite realizar asociaciones.

Para percibir los aromas, acerque su nariz a la copa y realice inhalaciones, obteniendo su primer impresión. Posteriormente tome la copa por el pie o tallo, gírela en círculos cuidadosamente y vuelva a inhalar. Al girar la copa el vino se mueve y liberará más fácilmente sus componentes
aromáticos. Puede repetir esta operación varias veces.

El vino presenta una inmensa complejidad de aromas y es casi imposible intentar describirlos a todos. Para empezar, podemos agruparlos por familias: aromas frutales, florales, animales, minerales, etc. Al principio, confórmese con identificar si Ud. percibe notas frutales o minerales, por ejemplo. Este será un buen comienzo, con el tiempo y la práctica, podrá identificar aromas más específicos: aroma frutado, con notas de ananá y manzana.Si vamos a la práctica, en esta etapa de la degustación, se deben analizar los siguientes aspectos:

Intensidad: trate de percibir la intensidad aromática del vino evaluado. Use sus propias palabras para describirlo. Como guía, la escala debería comprender aroma totalmente inexpresivo o chato, hasta aroma muy intenso, que impregna la nariz y perdura en el tiempo.
Notas aromáticas: se refiere a la identificación de los aromas del vino con otros presentes en nuestra memoria. Ejemplo: aroma intenso de frutos rojos, vainilla, levemente especiado.

Complejidad: es una de las características más buscadas en los aromas del vino. Un aroma complejo, normalmente, antecede a un muy buen vino, de sabores redondos y aterciopelados. El nivel de complejidad suele aumentar con la edad del vino, ya que los aromas primarios y secundarios persisten (aunque más sutilmente) pero se suman los cálidos aromas terciarios. La escala para la evaluación de complejidad podría incluir franco y directo, en un extremo y muy complejo, en el otro. Obviamente, del análisis de los aromas, puede surgir también algún posible defecto, que deberemos verificar posteriormente en la boca. El olor a corcho, vinagre o una sensación punzante de picazón al inhalar, se pueden tomar como ejemplo. Por último, puede utilizar sus propios términos para concluir: aroma sensual, elegante, imponente, flaco, olvidable, inteligente, salvaje, etc. Quizás serán apreciaciones muy subjetivas, pero que le servirán para recordar el vino y catalogarlo en su calificación personal.

Boca.

La última instancia es cuando finalmente llevamos el líquido a nuestra boca. Debe tomarse un sorbo pequeño y tratar de moverlo por toda la cavidad bucal, para poder cubrir la totalidad de papilas gustativas ubicadas en la lengua.
El vino en la boca nos comunicará varios aspectos importantes:
Aromas retronasales: son los aromas que se perciben del vino, no olfateando, sino por la comunicación interna entre los órganos olfatorios y la boca. Normalmente se deben afirmar los aromas sentidos en nariz, por ejemplo, frutos rojos.
Gusto: inmediatamente podremos determinar el gusto que tiene el vino: amargo, dulce, ácido, frutado, especiado, etc.
Textura: responde a la sensación táctil que percibimos en nuestra boca. En este sentido un vino podrá ser untuoso, carnoso, fláccido, liviano, áspero, redondo, aterciopelado, etc.
Retrogusto: se refiere a la sensación percibida una vez que tragamos el vino, el recuerdo que deja en nuestra boca.
Al degustar un vino, debemos prestar atención a todos estos aspectos para poder evaluarlo, debiendo sacar las siguientes conclusiones:
Impresiones gustativas: la combinación de gustos y aromas percibidos en la boca, por ejemplo, presencia importante de frutas rojas maduras, con notas de chocolate y especias, si se trata de catadores muy experimentados. Si no bastará con algo tipo “agradablemente frutado en boca”.
Cuerpo: debe describir aquí la sensación de volumen del vino, en términos tales como: cuerpo robusto, untuoso, flaco, liviano, débil, medio o en expresiones tan simples como “buen cuerpo”.
Principalmente influirán en el cuerpo del vino los niveles de taninos, alcohol y acidez. Por ejemplo, un alto nivel de taninos en un vino tinto, nos pueden indicar cuerpo robusto, pero áspero, si estos todavía están inmaduros.
Complejidad: un vino puede ser muy complejo, como un gran vino añejo, o franco, directo y fácil de tomar. La multiplicidad de notas distintas combinadas logran la complejidad de un vino. Por regla general, en los buenos vinos, la complejidad va de la mano con el tiempo de crianza del vino.
Final de boca: el resultado de analizar el retrogusto. Una vez tragado el vino, debemos prestar mucha atención a las sensaciones percibidas y a la intensidad de las mismas. Un buen vino, debe tener un final de boca agradable y largo (en relación a la cantidad de tiempo que persiste el recuerdo).
Equilibrio: finalmente, teniendo en cuenta la relación entre todos los factores anteriores, se debe analizar el equilibrio en boca del vino: puede ser un vino frutado, de buen cuerpo, pero aún de taninos muy astringentes, lo que perjudicará su equilibrio, concluyendo finalmente que es un
vino que mejorará con la guarda. Un vino equilibrado se define generalmente como “redondo”, existiendo en él una armonía entre los factores analizados.

Armonía General.

Son las conclusiones generales sobre el vino degustado, referidas a la relación entre las percepciones individuales de color, aroma y boca. El vino debería ser coherente consigo mismo. Para ejemplificar, algo que suele ocurrir con frecuencia es que el análisis de aromas, nos crea una expectativa con respecto a lo que obtendremos en boca, y no siempre se cumple. Puede ocurrir que el vino posea un aroma muy intenso y agradable, pero presente un cuerpo mediano y poco complejo en boca. O al revés, una boca muy interesante, compleja y equilibrada, pero aromas inexpresivos.

Comentarios finales.

Degustar correctamente no es tan difícil, sólo se debe prestar atención e internalizar el simple proceso color, aroma, boca. Con la práctica irá adquiriendo un vocabulario propio y especial, que le permitirá conocer los vinos, poder compararlos y comentarlos con los demás. Asimismo se
recomienda tomar notas sobre cada vino degustado. El hecho de tener que plasmar en papel las sensaciones percibidas, hará que aumente su concentración. Por otra parte, estas anotaciones le servirán en el futuro para recordar las características del vino. Una práctica aconsejable para quienes ya tienen cierta experiencia es otorgar puntaje a cada vino degustado. Este método es de mucha utilidad para comparar distintos vinos, clasificarlos y establecer relación calidad – precio.
La clave es no pretender saber todo desde el primer momento, pero tener la voluntad de ir aprendiendo paulatinamente con el tiempo. Es aconsejable para iniciarse, realizar algún curso de degustación.

La crianza en madera.

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La crianza o añejamiento es un proceso de suma importancia en la definición de la personalidad que finalmente tendrá el vino. Esta etapa tiene lugar luego de terminado el proceso de elaboración y toma desde meses hasta algunos años, según el caso. La misma puede realizarse en diferentes "recipientes" y tiempos. Principalmente se deben diferenciar dos procesos muy importantes: la crianza en roble y la crianza en botella. En esta nota, veremos sintéticamente
algunas características de la crianza en roble.
En la actualidad, la crianza en madera se lleva a cabo principalmente en barricas de roble (barriles mediano de 225 litros de capacidad, en su gran mayoría). No se utiliza otro tipo de madera, aunque a través de la historia se han hecho muchos ensayos, con castaño por ejemplo, pero los resultados no han sido alentadores. Hasta hace algunos años, en Argentina estaba muy difundido el uso de toneles de roble, que tienen mayor capacidad (desde 5.000 litros en adelante). Estos toneles han ido desapareciendo de a poco y sólo quedan algunas bodegas que los utilizan habitualmente. (Cavas de Weinert o Bodegas López)
Hay que tener en cuenta que no cualquier vino soporta la crianza en madera. Se necesita, digamos, un vino de buena estructura. Es por esto que la calidad de la materia prima, el proceso de elaboración y la mano de enólogo deben ser los adecuados para lograr un producto para la crianza.
En cuanto a las variedades, pocos blancos pueden pasar por madera (el Chardonnay es el principal). En tintos las opciones son más amplias. Finalizado el proceso de elaboración, el vino se coloca en las barricas (en una sala especial, con cuidados de temperatura y humedad) y pasará
en las mismas varios meses (habitualmente entre 6 y 18 meses).
Durante este tiempo el vino experimentará una serie de transformaciones, que podemos resumir en dos procesos diferentes. El primero es el aporte de la madera que le otorga al vino taninos y sustancias especiales, que mejoran su estructura. Más simplemente podemos decir que reafirma el
color y brinda aromas y sabores especiales, normalmente muy agradables. El segundo cambio se debe a un proceso de intercambio llamado microoxigenación. Es simplemente la penetración en dosis mínimas de oxígeno por los poros de la madera. Este oxígeno interactúa con el vino y se provoca
una oxidación muy lenta y controlada- El resultado son vinos más complejos, con nariz muy agradable, ya que a las frescas notas propias de la variedad, se suma la tibieza otorgada por la madera. Aromas a vainilla, manteca, madera, cuero, tabaco, pan tostado son algunos de los posibles aportes del roble. En boca también se percibe su presencia a través de un gusto muy particular.
En Argentina existe una gran variedad de vinos con crianza en madera y normalmente los puede identificar por la inscripción “Roble” en su etiqueta, aunque cada vez aparecen más productos que no realizan esta mención. En la contraetiqueta se suele indicar si pasó por roble y por cuanto tiempo. Habitualmente se trata de vinos que se pueden guardar por algún tiempo.
Sin necesidad de ser conocedor, si Ud. presta atención, podrá identificar relativamente con facilidad, los vinos “con madera”.

La conservación del vino abierto

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El vino se mantiene e incluso madura y mejora, mientras se encuentra “encerrado” en la botella, sin contacto con el oxígeno. El corcho en este sentido juega un papel preponderante, ya que es el elemento natural que protege al vino, impidiendo la penetración de oxígeno a la botella. El
problema surge cuando abrimos una botella. En la actualidad son repetitivas las ocasiones en que no se termina una botella de vino (ante esta posibilidad, algunos incluso no la abren). El vino en contacto con el aire, comienza un proceso químico de oxidación, que destruirá las cualidades
deseadas hasta literalmente convertirlo en vinagre. Por ello, la vida de un vino, una vez abierta la botella, es efímera.
El proceso de oxidación descripto no es tan rápido como muchas veces hemos temido, ya que el vino puede resistir hasta 3 o 4 días, si tomamos algunas precauciones.
Una buena y antigua manera de conservarlos es simplemente cerrar nuevamente la botella con el corcho y refrigerarlo (la temperatura alta acelera el proceso de oxidación), pero esto resulta sólo si:

  • La cantidad de vinos restante es al menos la mitad de la botella.
  • El vino no ha estado abierto por más de 3 horas.
  • No se trata de un vino añejo, ya que no sobrevivirá.

Tomando tales precauciones y refrigerando el vino, ya sea blanco o tinto, pueden durar de 2 a 3 días los más jóvenes y ligeros, y de 4 a 5 días los de mayor cuerpo y aroma. Evidentemente perderán frescura y fuerza, pero aún son agradables de beber.
Si tiene certeza que tomará sólo la mitad de la botella, le recomendamos trasvasijar la cantidad que beberá a una jarra o decantador; y cerrar inmediatamente la botella con el vino restante, éste, guardado en el refrigerador le puede durar más tiempo.
Recuerde sacar del refrigerador el vino tinto al menos 3 horas antes de beberlo, para evitar someterlo a un cambio brusco de temperatura, lo que sería matarlo definitivamente. El vino tinto frío es totalmente inexpresivo. La temperatura de servicio debe ser aproximada a los 18° C.
Una técnica más científica, fácil y que no resulta costosa, es el uso de la bomba de vacío conocida como aparato de conservación de vino Consiste en un utensilio similar a un sacacorchos que extrae el aire existente en la botella, logrando un envasado al vacío, colocando un corcho de goma casi en forma hermética. Con esta técnica, el vino se mantendrá de una semana a diez días en muy buen estado.
De todas formas lo ideal es que cuando abra una botella de vino, planee terminarla en los próximos 2 días, ya que el vino irá perdiendo paulatinamente sus cualidades.
Nunca intente hacer esto con un vino añejo. Espere el momento especial para disfrutarlo tranquilamente y en su totalidad. Toda la complejidad y riqueza adquirida por el paso del tiempo en botella, habrá sido totalmente inútil.

Un vistazo a los varietales

Esta pequeña guía pretende ser una útil herramienta que nos ayude en la comprensión de las afortunadas diferencias que existen entre los vinos. Se trata de las características de las variedades, un tema sobre el que existen muchos mitos, más habladurías y poca coherencia. Muchas veces puede